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CAPÍTULO 20

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La noche transcurrió como una película, con cortes y cambios de escena sin sentido. Pero aun con lo incómodo que parezca, era lo más satisfactorio que había vivido en años. Podía olvidar lo que me estaba sucediendo en la vida real. Toda esa carga de estrés se fue por momentos.

Los pasos dentro de la propiedad me alertaron que algo no andaba bien. Salían de la habitación de al lado, bajaban y deambulaban por la planta baja, para repetir esa guardia en forma de bucle. No fue hasta que salí al pasillo, que todo se acabó.

—Oh, despertaste. Disculpa —Spencer se encontraba fuera de mi puerta.

—¿Por qué pides disculpas?

—Creí que te había despertado con mis pasos. ¿No es así?

—No, ya estaba despierto.

Tenerlo a unos escasos dos metros de mí, me dio un escalofrío y me alejé unos cuantos pasos de él. Su mirada no era la típica que siempre tenía. Brillaba de una forma especial y única. Parecía en verdad alegre de verme.

—¿Qué fue lo que me pasó? ¿Cómo llegué hasta mi habitación? Te juro que no recuerdo nada de anoche. ¿Tomamos otra vez?

—No sucedió nada anoche, Kurt. ¿No recuerdas que te desmayaste saliendo de mi camioneta?

—¿Me desmayé? ¿Pero por qué?

—Eso mismo se preguntó el médico. Tus signos vitales estaban normales, no había nada anormal. Salvo la cantidad de cortisol que corría por tu sistema sanguíneo. ¿Has estado demasiado estresado últimamente?

—Que yo sepa no.

Claro que lo estaba. Tenía la presión del juicio que se haría en mi contra en cualquier momento, lo cual afectaría mi reputación para siempre aunque no fuera cierto lo que sucedió. Me habían involucrado en una situación bastante compleja y de la cual no sabía cómo carajos saldría. Tal parece que todo estaba escalando a tal nivel que estaba repercutiendo en mi salud.

Giré de nuevo hacia él pero ya estaba bajando las escaleras. Obvio no me creyó ni una palabra de lo que le dije. Era lo de menos, yo solo quería terminar con esta sensación de una vez por todas. Lo seguí con mucha dificultad; luchaba a cada paso para no golpearme la cabeza contra el piso. Estaba mareado, seguía desconfiado y pesaba que nos embriagamos y no quería admitirlo. Cada vez que volteaba a un sitio, sentía que el pasillo daba una vuelta completa para todos lados. Me sujeté firme del barandal y le pedí a Dios por mi vida.

—¿Me prometes que no tomé nada anoche? Mírame ni siquiera puedo despegar los pies del piso.

—Lo único que te suministraron fueron sedantes. ¿Eso responde a tu pregunta?

No hubo respuesta alguna.

Me senté en uno de los sillones e intenté controlarme. No quería terminar vomitando toda la sala. Cerré los ojos, pensando en cosas lindas, tratando de distraerme pero el trabajo fue lo primero que se me vino a la mente. Al ver la hora en mi celular, me levanté del asiento tan rápido que sentí el flujo de sangre bajar hasta mis pies. No me importó, quería alistarme para ir al trabajo.

—Carajo, es tardísimo. Los editores nos deben estar esperando —dije intentando subir las escaleras.

—¿Y a ti quién te dijo que irías? —habló en un tono enojado, sin embargo su expresión era burlona. No lo entendía.

—¿Estoy despedido?

—Ellos saben lo que sucedió y estuvieron de acuerdo en darte unos días libres. Lo menos que queremos es que empeores. Lo que tienes no es algo que se puede tomar a la ligera, Kurt. Es algo muy grave.

Alguna vez fuiste túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora