Recibir esa llamada casi a las cinco de la mañana me pareció raro, y más allá de todo lo estresante que pudo haber sido, mi preocupación dejó de ser que me hayan despertado tan temprano, sino lo que Otto me dijo, o lo que le logré entender.
Kurt tampoco entendía muy bien lo que pasaba, pero se acomidió a llevarme hasta la casa de Evangeline, en donde me estaban esperando todos. Ni siquiera puedo contabilizar todos los ataques de ansiedad que sufrí del trayecto de este lugar hasta esa residencia. Pero más de diez, fueron. Si esto continuaba, en cualquier momento me daría un paro cardiaco.
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Tu tía necesita asistencia médica? Porque puedo marcarle a Spencer para que les ayude.
—Descuida, no es mi tía. Soy yo —añadí entre dientes y giré mi cabeza para ver por la ventana.
Él no comentó nada, lo cual agradecí demasiado, porque conozco la personalidad curiosa que en ocasiones se vuelve tan fuera de lugar, que Kurt tiene, sin embargo evitó preguntar y continuó conduciendo en medio de este paraje nuboso y frío. Incluso en algún punto, las llantas derraparon sobre el camino, obligándonos a frenar para evitar estrellarnos contra un poste de luz.
—A mí me llamaron, Kurt, y ni siquiera sé para qué es —después de mucho pensarlo, le respondí pero siempre evitando verlo de frente.
—No te preocupes por eso, yo estaré contigo para cuidarte.
—¿En serio? Bueno, aunque suene lindo, dudo mucho que suceda.
—¿Y por qué crees eso?
—Es una reunión familiar —cuando dije eso, asintió y regresó su vista al camino. Serio, permanecía atento ante las indicaciones del camino, y sin siquiera haber dicho una sola palabra, pude sentir todo lo que sucedía—. Además, no quisiera que te preocupes por mí, suficiente tienes con haberte despertado tan temprano por mi culpa.
—Descuida, eso no es inconveniente para mí.
—Gracias —me animé a decir, apretándome las rodillas, maldiciéndome por lo estúpida que era para expresarme.
—No tienes nada que agradecer, Ágata.
Por fin encontramos el puente, cosa que lejos de relajarme me alteraba más y hacía que mis pensamientos intrusivos se apoderaran de mi cuerpo. Solo quería abrir la puerta y arrojarme a la avenida, ya no me importaba lo demás. Estaba segura que mi madre había organizado algo en mi contra.
Le daba las indicaciones para llegar, con voz temblorosa y al borde del llanto. Con su voz intentaba tranquilizarme, y aunque conseguía hacerlo por breves momentos, cuando veía que estábamos a punto de llegar, todo se descontrolaba de nuevo.
—Es aquí —le dije obligándolo a detenerse de inmediato, derrapando en el asfalto cubierto con una ligera capa de hielo.
Las luces estaban encendidas, se escuchaban las voces de todos ahí dentro. Estaba al borde de la locura y solo una palabra me devolvió a la realidad.
—Ágata —dijo Kurt tomándome de la mano—, iré contigo, ¿de acuerdo?
Era tan obstinado que no aceptaría un no por respuesta, y no me encontraba con las energías de siempre para ponerme a discutir. Apreté un poco su mano, en señal de acuerdo y le sonreí. Algo que nunca haría en mi sano juicio, acababa de ocurrir. Era increíble ver como mi inconsciente era manipulado por terceros que nada tenían que ver conmigo. Pero de todas maneras, eso era lo que quería. Sentirme acompañada.
Salí del auto y al cerrar la puerta, vi que alguien se asomó por la cortina de la ventana. Estaba segura que era mi madre, solo ella hacía eso para ver quién se estacionaba o las peleas de los vecinos.
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Alguna vez fuiste tú
RomancePara Ágata Shcüler, escribir siempre ha sido un pasatiempo que le ha ayudado a entenderse a sí misma. De esta manera ha podido superar cosas de su pasado e intentar mejorar como persona, con los que la rodean. Pero no pasará mucho para que llegue un...
