Esto ya no eran vacaciones, se había convertido en una situación frustrante y de mucha ansiedad. Alguien había suplantado mi identidad y le robó el manuscrito a Ágata. Lo de mi identidad se desplazaba a segundo término cuando la seguridad y la integridad de Schüler se encontraban en peligro. Aún no podíamos saber quiénes eran los involucrados en el acto, pero esto no nos impedía seguir investigando.
Spencer había contratado a los mejores informáticos del pueblo, y aun así se les estaba dificultando demasiado hallar la fuente de donde provenía todo. Pero al parecer no era un caso aislado, es decir, no se trataba de un chico en su cochera jugando a ser espía o hacker, sino que en realidad eran profesionales en lo que hacían, porque tenían una red especial que nos impedía descubrirlos.
—¿Todavía nada? —les preguntaba Spencer a las personas que contrató.
—Hemos averiguado que tienen un código que cambia cada vez que desciframos la dirección. A este paso lo que nos queda solo es gastar todas las combinaciones posibles aunque estoy seguro que serán miles de millones.
—No tenemos tiempo. ¿Me pueden hacer un favor? —y sacó una hoja de papel en donde escribió algo—. Por favor rastreen todos los registros del sistema del hotel NH Collection, el culpable debió haber puesto algún nombre, un número de identificación, no losé.
—¿Te das cuenta que lo que nos estás pidiendo es ilegal? Si nos encuentra la policía iremos todos presos.
—Si no puedes hacerlo entonces...
—Nunca dije que no podía. Pero por el riesgo que corremos, tendremos que cobrar un aumento.
Conociendo cómo era mi amigo, esto estaba sobrepasando sus límites. Tenía un presupuesto previsto para ellos dos y ahora cambiaron por completo sus planes y las cifras que le exigían era lo triple de lo que contempló en un inicio. Se mantuvo tranquilo y asintió. Yo sabía que no aceptaría aquello. Hasta a mí se me hacía una ridiculez.
Salimos de mi estudio para dejarlos tranquilos, estaban algo cansados y estresados, ni siquiera necesitaban articular palabras entre ellos, se comunicaban mediante señas, miradas, risas o pequeños golpes. ¿Estaban siendo grabados? Algo me causaba intriga y no solo era su forma de actuar sino la forma de vernos a mí y a Spencer. Era algo extraño pero decidí no dejarme llevar por las apariencias.
—¿No has sabido nada de la chica? —me preguntó mi amigo mientras estábamos en la sala.
—No tengo manera de comunicarme con ella además que tienen su computadora acá no puedo mandarle correos.
—¿Algún amigo que tengan en común?
—Creo que no.
Mientras se levantó para ir al baño aproveché esos minutos de silencio para poder pensar en alguien que nos pudiera ayudar en nuestro caso. Algún contacto que tuviéramos los dos. No necesariamente amigo pero un compañero. Cuando estaba intentando buscar en mi celular alguien llamó a la puerta. Dejé el celular al filo del sillón, estuvo a punto de partírsele la pantalla. Estaba casi seguro que se trataba de Schüler. Pero al abrir la puerta la cabellera pelirroja de Wendy y esa fragancia dulce invadieron mis sentidos.
—¿Estás bien? Escucho mucho movimiento.
Pasó y ni siquiera me dio oportunidad de decirle que Spencer estaba en casa. Fue ella misma quien se dio cuenta al verlo pasar por la puerta. Sus miradas se encontraron por unos cuantos segundos y después los dos fingieron demencia y cada uno hizo lo propio. Mi vecina se sentó en el sofá y mi amigo se acercó solo para coger su celular que lo había dejado ahí.
—¿Puedes respetar mi espacio vital? —reclamó volteándolo a ver con ojos saltones.
—A ti no te estoy haciendo nada, vengo por esto —y tomó el dispositivo para después dirigirse al estudio donde estaban los informáticos.
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Alguna vez fuiste tú
RomancePara Ágata Shcüler, escribir siempre ha sido un pasatiempo que le ha ayudado a entenderse a sí misma. De esta manera ha podido superar cosas de su pasado e intentar mejorar como persona, con los que la rodean. Pero no pasará mucho para que llegue un...
