Toda esa noche no pude dormir. Después de haber llevado a Ágata al hospital, descansar nunca estuvo dentro de mi mente. Todo lo que quería era que estuviera bien y saber qué fue lo que ocurrió. Me dio pánico el solo hecho de pensar que le pudiera pasar algo. Se veía muy alterada, incluso la idea de que se quería lanzar no la podía descartar del todo. ¿Habrá descubierto lo que sucedió? Porque de otra manera no me explico la razón por la que iba caminando por el puente a tales horas de la noche y con una tormenta cayéndole encima.
Hasta la mañana siguiente fue que pude ver de nuevo su mirada, esos ojos que eran los de una diosa egipcia o griega. Sí, después de tanto tiempo fingiendo y ocultándolo, ya que mi libertad estaba en juego, no podía negarlo más tiempo. Ágata Schüler era la persona que rondaba mi mente, mi corazón y por la cual sentía una chispa cada vez que la veía. Esos hoyuelos que se le formaban cada vez que reía, era lo más magnífico que podían ver mis ojos.
—¿Dónde estoy? —fue lo primero que dijo al ver a su alrededor e intentar levantarse.
—Descuida, estás en un lugar seguro. ¿Cómo te sientes?
—Mareada y siento como si me hubieran atropellado. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué estás aquí? —esa última pregunta la hizo en un tono molesto y desconfiado.
Tenía sentido, estaba desorientada y al ser yo lo primero que veía, la hacía sospechar muchas cosas. Fui explicándole las cosas o por lo menos lo intentaba, porque no lograba comprender lo que había pasado con ella. Y tal parece que ella tampoco lo sabía. Solo esperaba que no se tratara de una secuela permanente. La amnesia era lo peor que un ser humano podía padecer. Sin recordar nada de lo que fue en su pasado.
—¿Está bien, doctor? —le pregunté cuando nos alejamos de ella.
—En un momento más la daremos de alta, pero antes, ¿cómo fue que sucedió?
—Yo iba caminando y la encontré en el puente, a punto de caerse. En cuanto vi aquello la traje para que la valoraran. ¿Es grave lo que le pasó?
—Tal parece que sufrió una crisis de ansiedad y tuvo un reflejo vasovagal. Su presión arterial también se vio afectada y por fortuna logramos estabilizarla. ¿Conoce a algún familiar que pueda ayudarla?
—Por el momento, yo soy la única persona que la puede ayudar. ¿Necesitan mi número de teléfono?
Le dicté mis datos a la mujer de la recepción y sin perder tiempo acompañé a la enfermera para ayudarla a levantar a Ágata. Estaba tan aturdida que solo podía caminar apoyándose del filo de la cama. La enfermera la hizo sentarse mientras le hacían la revisión de rutina, la glucosa, la presión, un rápido examen de reflejos, visión y oído. Para sorpresa de todos, los completó con una puntuación casi perfecta. Entonces solo estaba mareada por todo el tiempo que se quedó dormida debido a los sedantes que le administraron.
Después de varios minutos en observación salimos del hospital y aunque el cielo estaba despejado y el clima estuviese mejor que los días anteriores, en el ambiente se sentía algo diferente. La chica estaba todavía un poco pálida, sin embargo poco a poco estaba comenzando a recobrar su tono de piel normal. Que ella se recuperara era lo que más me importaba.
Tomamos un taxi y en ningún momento del trayecto ni siquiera una pequeña interacción. Iba meditabunda viendo por la ventana y yo atento al camino para darle las direcciones al chofer. Sin embargo, aun con todo esto, dentro de mis más profundos pensamientos, yo estaba contento por estar al lado de ella. Quería que me contara lo que le pasaba, si podía ayudarle en algo, lo que fuera, estaba dispuesto a hacer con tal de verla feliz y ver su sonrisa florecer.
Aunque en mi vida nada estuviese bien. Todos estaban en contra mía, personas que yo pensé amigos, e incluso hermanos de toda la vida, me dieron la espalda. Solo faltaba que Ágata también creyera en Frederick.
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Alguna vez fuiste tú
RomancePara Ágata Shcüler, escribir siempre ha sido un pasatiempo que le ha ayudado a entenderse a sí misma. De esta manera ha podido superar cosas de su pasado e intentar mejorar como persona, con los que la rodean. Pero no pasará mucho para que llegue un...
