CAPÍTULO 31

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Este año empezó del asco. Mi madre siempre decía que como comienzas el año, será la manera en la que lo termines. Deseaba que solo fuera paranoia y esto pasara rápido. Me estaba sintiendo muy nervioso por todo lo que estaba sucediendo. Ágata había vuelto a dejar de comer, las únicas veces que salía de su recámara a buscar algo de la nevera, era cuando creía que estaba dormido pero en realidad padecía de insomnio.

Así pasaron días, sin hablarnos, me ignoraba y esperaba a que me fuera de la casa o a dormir para salir de su guarida. Eso no era vida, era un infierno. Pero no había nada que pudiera hacer para intentar animarla, nada me funcionaba.

—¿Ocurre algo, Kurt? —dijo Spencer al verme entrar por enésima vez al cubículo con cara de querer morirme.

—No he dormido bien, es todo —respondí sin darle importancia.

—¿Y Ágata? No la has mencionado todos estos días. No nos visitaron a casa el día primero como lo prometiste —seguía reclamando.

—Spencer, terminamos muertos después de hacer la cena. Pero tan pronto me desocupe, iremos, ¿te parece bien?

—Sabes que no se trata solo que vayas a casa. Te conozco muy bien, Kurt Neumann, sé perfectamente cuando algo te sucede. Dímelo ahora.

Estaba al borde de la locura, gritar significaba mi despido. Prefería detener la conversación a contestarle como estaba a punto de hacerlo. Me levanté y antes de seguir caminando por todo el edificio, su voz me detuvo.

—Estoy bien, te lo aseguro.

—Vete a casa —dijo sin ningún tipo de remordimiento.

—¿De qué hablas? Claro que no, mi horario aún no termina.

—Es una orden, Kurt. Ve a casa, deja eso para otro día y ve a dormir.

Ojalá fuera tan sencillo como él lo decía. Intentaba todas las noches dormir pero solo no podía. Cuando estaba a punto de quedarme dormido, tenía la sensación de que me caía de un sexto piso. Si esto continuaba, me volvería loco.

—¿Cómo vas con los abogados?

Ese silencio que siguió después, me alertó que algo no andaba bien. Se mordió el interior de su labio, provocando una mueca que solo hacía en temporada de exámenes. Era obvio que algo malo estaba sucediendo y no me quería decir.

—Dímelo, ¿qué han hecho?

—Se fueron a Berlín a pedirle al juez, hacer una prórroga para poder tener todos los documentos listos.

—¿Y por qué no me lo dijeron? Hasta el momento no he tenido comunicación con ninguno de ellos. ¿Cómo puedo confiar en ellos?

—Sí, es lo que les he dicho y me comentaron que en cuanto regresaran, tendrán una reunión ustedes para debatir.

—¿Tú no estarás presente? Eres el encargado de la empresa.

—¿No confías en ellos? —dijo mirándome extrañado.

—Honestamente no puedo desconfiar de alguien que nunca he visto.

—Claro, tienes toda la razón. Mañana estarán aquí, así que te pido tener todo en orden. Pero descuida, nada malo va a pasarte. Ni a ti ni a Ágata.

—Eso es lo que espero —suspiré con mucha angustia. Me estaba doliendo la cabeza.

Solo por eso, y que no tenía muchas cosas que hacer en las oficinas le tomé la palabra y me dirigí a casa. Prefería caminar sin importar que llegara más tarde, mi cerebro no podía manejar en este estado, me podía confundir de pedal y ocasionar un desastre. Además, el sol se había borrado del cielo, solo quedaba una espesa nube, de la cual comenzaba a caer copos de nieve, tan delgados que se deshacían con tan solo tocar la palma de mi mano.

Alguna vez fuiste túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora