Después de casi morir por culpa de una bacteria, quedé demasiado débil. Si no hubiera sido por los cuidados de mis amigos y de los médicos que hicieron todo lo posible, habría muerto enseguida. Mi cabeza dejaba de doler al poco tiempo y me entró un apetito feroz, pero tenía que tener especial cuidado de no comer cosas que me hicieran daño, como exceso de sal, azúcar, carbohidratos, cosas mal procesadas, harinas refinadas... solo podía comer verduras.
Después que me dieron de alta dos días después de haber entrado, pude reintegrarme a mi rutina normal, a excepción de la alimentación. Sin embargo volví al trabajo sin problemas. Todos en la empresa se preocuparon muchísimo por mí, incluso los editores me habían dado un pequeño aumento para compensar los días que no trabajé y para asegurarme de que no me despedirían.
En lo único que pensaba era en el día en que me llamaran para ir al juzgado. Cada día que pasaba, era una angustia peor, sin embargo no podía externalizarlo porque nadie lo sabía; si se daban cuenta de lo que estaba sucediendo conmigo, ellos mismos me arrestarían y me entregarían a la policía. No sabía cómo limpiar mi nombre, todo estaba en mi contra.
—¿Tienes un momento? —dijo Spencer entrando a mi oficina.
Me asusté un poco, sin embargo traté de no exagerar y me repuse al instante. Le sonreí mientras mi corazón se regularizaba.
—Adelante —y giré mi silla hacia la puerta.
—Kurt, a petición de mis asesores y de Wendy, he decidido adelantarte las vacaciones.
No tardé en fruncir cada parte de mi rostro y retraer el cuello, para después abrir los ojos. No sabía qué estaba pasando, si era una broma, si era una forma de decirme que estaba despedido. ¿Qué tenía que ver Wendy en esto? ¿Por qué le estaba haciendo caso a ella? Mi mente se nubló por breves momentos en los que mis pensamientos impedían formular una simple respuesta. Se acercó un poco a mí y me dio golpecitos en el hombro.
—¿No me crees? —y de la carpeta que tenía en su mano, sacó un documento—. Este es tu oficio, solo fírmalo y nos veremos de nuevo hasta enero.
—¿Pero por qué no me avisaron en la reunión?
—¿Crees que te lo diría enfrente de todos? Kurt, hay empleados aquí que durante años han tenido por lo menos dos vacaciones decentes. Nos fusilarían si se enteraran.
—¿Y por qué no arreglan eso?
—Después de que mi padre dejó la empresa, hemos empezado a darles prestaciones de ley, vacaciones adecuadas y un salario mejor, pero el presupuesto no nos alcanza. Pero si no quieres las vacaciones... —y abrió la carpeta.
—Espera. —Impedí que se llevara la hoja. Él me dio una pluma de color azul y firmé encima de mi nombre.
—Bien, toma tus cosas, te acompañaré a casa.
Comencé a guardar todas las cosas que cupieran en mi mochila, no quería que alguien tomara mis cosas, aunque sabía que era imposible ya que Spencer estaría al pendiente de eso, sin embargo me gustaría más tenerlas a mi alcance que en los cajones de esa oficina. Inspeccioné todo en búsqueda de algo importante y la mayoría eran decoraciones insignificantes.
Salí del lugar y Spencer me dijo que me subiera de inmediato a la camioneta, sin hacer preguntas y sin detenerme en el camino. No supe por qué lo decía, pero preferí no hacerle más preguntas de las necesarias y entonces me encaminé hacia el pasillo principal que conducía a la salida. En el trascurso, muchos de mis compañeros me observaban asombrados y algunos otros preocupados el hecho de que estuviera yéndome tan temprano.
Los asesores asintieron con la cabeza y me sonrieron. Al parecer no estaban molestos ni mucho menos. Todo era parte de mi paranoia. Un poco más decidido y confiado, bajé las escaleras con la mochila repleta de cosas. Sin embargo, al dar la vuelta en una esquina estuve a punto de chocar con uno de los diseñadores de la empresa.
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Alguna vez fuiste tú
RomancePara Ágata Shcüler, escribir siempre ha sido un pasatiempo que le ha ayudado a entenderse a sí misma. De esta manera ha podido superar cosas de su pasado e intentar mejorar como persona, con los que la rodean. Pero no pasará mucho para que llegue un...
