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CAPÍTULO 29

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No comprendía por qué tanta insistencia de Kurt por acompañarme a Rumania. Después de lo que soltó esa tarde, me podía esperar de todo. No era un secreto para nadie que él gustaba de mí, porque era más que obvio, pero lo más extraño de todo era que yo me cegué y lo dejé pasar. Y aunque suene loco, el hecho de pensar en eso, en vez de avergonzarme o molestarme como lo haría con los demás, con Neumann me sentía halagada.

Este día estaba siendo muy extraño y desgastante para mí. Mi celular no dejaba de sonar, correos, mensajes, llamadas y demás notificaciones me hicieron apagarlo. Tenía suficiente con lo que en la mañana me había dicho Henry. Él creyó que me iba a tragar el cuento de que Frederick lo secuestró y lo obligó a trabajar en su plan. Nada de lo que él dijera me importaba. Así fuese verdad y yo estuviera equivocada, nuestra amistad no existía más. Y ese fue un golpe muy duro para mí, uno más que la vida me dio en este corto periodo de tiempo.

—¿Estás seguro que quieres hacerlo? —le pregunté al pasar por su habitación y ver cómo estaba metiendo las cosas a la maleta.

—¿No quieres que vaya?

—No me refiero a eso. Solo que... bueno, es raro. Tú estás en medio de una demanda, ¿y si se agrava? Porque será como escapar de algo que no hiciste.

—Lo hablé con Katherine y ella aseguró que no había problema. Tengo derecho a presentar una prórroga, y ella me ayudará a hacerlo.

—¿Ella y su madre saben que estamos los dos juntos? —pregunté y mis mejillas ardieron. Mi corazón comenzó a bombear sangre con una mayor velocidad—. Eh, me refiero a...

Kurt se mofó, carcajeándose de una manera que no era en modo de burla, sino fue una risa sincera. A mí no me importó y solo lo seguí viendo sin detenerme hasta que conseguí incomodarlo.

—Discúlpame —y se secó las lágrimas que le habían salido, respiró unas cuantas veces y después continuó—: Descuida, ellas dos no tienen por qué enterarse. ¿Tendrías algún problema en que se enteraran?

—Me daría vergüenza.

Su actitud de pronto se mostró diferente. Tal parece que lo tomó a mal. Una parte de mí se alegró, por haberme hecho sentir así por burlarse, pero otra me hizo sentirme culpable. Nunca fue mi intención hacerlo sentir mal. Un vacío en el estómago apareció de pronto. Estaba sintiendo cosas que hacía décadas no presentaba. Olvidaba lo que era sentirme mal por una estupidez como esta.

—No... no me refería a eso.

—¿Qué cosa?

—No me refería a que tú me avergonzaras —de nuevo y esta vez con más intensidad, mi rostro se sintió caliente y no pude hacer mucho más que quedármele mirando.

Dejó de arreglar la maleta y al tenerlo frente a mí, cosa que había sucedido muchas veces, ahora lo percibía distinto. Lo veía imponente, lo que provocaba que a su lado, mi mente me hiciera ver y actuar como una niña indefensa. ¿Dónde había quedado la Ágata rebelde que se revelaba y desafiaba con esa mirada indiferente? Kurt me estaba haciendo mal, eso era lo que pasaba.

—Tranquila, comprendo a lo que te referías. No es algo que hagas todos los días, estar en casa de un profesor. Y es más, hasta a mí me da algo de curiosidad, pero entiendo que es algo que tuvo que suceder.

—¿Qué quieres decir con «es algo que tuvo que suceder»?

—Bueno, no estoy muy enterado de cómo sucedió todo, pero desde el día que te vi fuera de mi cubículo con la mejilla roja, supuse que había sucedido algo con tu familia.

Me quedé en blanco. ¿Cómo era posible que recordara eso? Incluso yo lo había borrado de mi mente. No tenía sentido que él tuviera presente hasta el detalle más insignificante y pequeño. Por primera vez después de tanto tiempo, me sentí importante para alguien. Una pequeña sonrisilla se escapó de mis labios pero antes de que él pudiera verla, me alejé y antes de salir por la puerta, me giré para finalizar:

Alguna vez fuiste túHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora