De nuevo volví a caer en una especie de coma. Cuando desperté, estuve rodeado de personas que ni conocía pero pareciera que ellos sí me identificaban. Me decían por mi nombre, preguntaban cómo me sentía y la verdad es que no lo sabía. Me sentía confundido, somnoliento, con un sabor metálico en la boca. Solo quería dejar de sentirme así.
Cuando desperté vi a Spencer al lado de Wendy, ambos cabizbajos y en ningún momento hicieron contacto visual, aunque sea un breve instante. Se ignoraban por completo. Al intentar moverme, fue Spencer quien se dio cuenta de mi estado y se levantó tan rápido que casi provoca que la silla se cayera. Wendy hizo lo mismo y en dos segundos los tenía por ambos lados de la cama. No podía levantar muy bien mi cabeza, todo lo que veía era el techo blanco y sus caras asomándose para verme.
—¿Ya despertó? —escuché una voz gruesa preguntar desde afuera.
No hubo respuesta y entonces unos pasos se acercaron hacia mí. Un doctor me puso su estetoscopio en el pecho, en el cuello y en el brazo. Me alumbró la pupila con una lámpara y me pidió que abriera la lengua para después meterme un palito de madera que casi me lo trago.
—Se quedará en observación un par de horas más. Al parecer la infección pasó, pero sigue demasiado deshidratado.
¿Estaba en un proceso infeccioso? ¿Por qué nadie me lo había dicho? ¿De qué se trataba? ¿No era estrés? Nada tenía sentido para mí, sin embargo eso era lo de menos. Todo lo que quería era salir de aquí y reincorporarme en mi rutina. Me estaba sintiendo mal y no tanto por el dolor de estómago que tenía encima, sino por el estrés de no poder hacer nada. Mi trabajo se paralizó, mis salidas se paralizaron; no me sentía productivo. Y ahora además, estaba enfermo y siendo una fuga de dinero para Spencer.
De pronto la máquina que iba conectada a mis ritmos cardiacos se aceleró tanto que mis amigos se alarmaron pero pronto se regularizó. El sobre pensar las cosas me estaba matando, de forma literal.
—Con que una bacteria eh —me dirigí a Spencer quien se tapaba la cara.
—Te juro que no sabía, el médico también pensó que se trataba de una crisis de estrés.
—Perdónalo, Kurt, sabes cómo es von der Leyen de tonto en ocasiones. Por suerte llegué a tiempo, porque de haberte quedado así te habrías muerto.
—Yo me iba a quedar, pero él no quiso —se escudó el chico.
—¿Pueden callarse y arreglar sus problemas lejos de mí? Tengo muchas cosas en qué pensar como para estar soportándolos.
—¿Te sientes un poco mejor? —Wendy me tocó la frente y alejó de inmediato—. Joder estas hirviendo. ¿Ya se lo informaste al médico? —miró a mi amigo muy enojada.
—Pensé que se lo habías dicho tú —y salió corriendo de la habitación, dejándonos solos.
Yo no me sentía mal, un poco cansado y mareado, sentía que todo me daba vueltas pero lo atribuía a los medicamentos y al suero. Wendy acercó su mano de nuevo a mi frente, permitiéndome verle a los ojos. Nos quedamos otros segundos en silencio, con el sonido de la máquina y de hospital de fondo.
—¿Cómo es posible esto? —se quejó y se acercó a mí. No sabía qué intentaba hacer.
Tenerla tan cerca de mí, provocó que mi corazón se acelerara y esto se registró de inmediato en el aparato. Se alejó espantada y me volvió a mirar a los ojos. Me sentía tan mal, como para detenerme a pensar qué estaba sucediendo.
—Maldita sea, dónde carajos está este imbécil.
—¿Me quieres? —pregunté de inmediato, sintiendo todo a mi alrededor girar. El medicamento que me dieron para sedarme, estaba alterando mis actos. Porque no preguntaría algo así estando en mis cinco sentidos.
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Alguna vez fuiste tú
RomancePara Ágata Shcüler, escribir siempre ha sido un pasatiempo que le ha ayudado a entenderse a sí misma. De esta manera ha podido superar cosas de su pasado e intentar mejorar como persona, con los que la rodean. Pero no pasará mucho para que llegue un...
