Bienvenido al mundo de Annie, donde la locura y magia están separados por una línea muy delgada. ¿Será la realidad lo que le aterra o todo está en su cabeza?
Una chica de 17 años comienza a experimentar una serie de hechos que bien podrían ser de u...
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Danna llega al auto y le enseña el video a Annie en el que se ve a la novia de Héctor confirmar que tiene un romance o que tuvo uno con Abraham mientras estaban juntos, además de los demás hombres.
—Entonces, sí le ha estado engañando, ese bebé podría ser de cualquiera —dice Annie con cierta esperanza.
—Exactamente, no tiene por qué ser de Héctor, además, no lo ve como su primera opción, solo lo tiene de colchón porque ha tenido mala suerte con los hombres. —Se ríe de lo siguiente—: Mira que confiar en un hombre de mi familia, todos son mujeriegos.
—Menos mal que el hijo no es de él, no quisiera que perdiera a su bebé o tenga problemas por mi culpa de esa manera.
—Pues ya sabes, camino libre, solo debes darle este video y listo, aunque para hacerlo mejor se lo enviaré yo desde otro número, así no te embarras las manos con esto. Si se lo entregas también serás la chica que siguió a su pareja, la grabó y terminó su relación —plantea Danna y se lleva un dedo a la mejilla.
—Puede que tengas razón, Danna, estoy feliz, serio, es que realmente pensé que lo iba a perder por esto. Al final me sentiría como un asco si le arrebatara su sueño de tener una familia —expresa en su ignorancia.
—Annie, pero se lo vas a arrebatar, si no se entera de esto, tendrá su familia deseada. —Agita el móvil con una sonrisa, tentándola.
—Pero no quiero que sea con base en mentiras, quiero estar con él. Si es así haré lo que sea —sus palabras salen con más fuerza. El chofer les lanza una mirada con el rabillo del ojo, pero raras veces interviene.
—Bueno, por ahora ve a tu casa, si puedes salúdalo o algo a las ocho de la noche, a esa hora se lo enviaré. Así te ve y no piensa que eres tú —apunta Danna.
—Es mucho trabajo, ¿no crees? —Pregunta Annie llena de curiosidad.
—Te sorprendería cómo afectan los pequeños detalles a las personas. —Le da un golpecito en la frente.
—Confiaré en ti, gracias por todo Danna. —Le abraza llena de esperanzas.
—No tienes que agradecer, eres mi hermana al final de cuentas, Ann. —Le corresponde el abrazo y empieza a bromear, arrimándose—. Ya me lo pagarás con mimos o cuidándome, no pido mucho.
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