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Hoy era la primer clase de actuación de Romina, estaba tan entusiasmada, lo estuvo esperando hace mucho tiempo.

— ¿Me vas a acompañar?.— me pregunto mientras se tomaba un mate.

— Pense que ibas a ir con...

— Si a el ni le gusta, el solo me acompaña cuando tengo que ir a algún lugar con mucha gente...

— Si, es obvio.

— ¿Por qué?.

— Por nada... Pero bueno, te acompaño.

Se terminó de arreglar y salimos en el auto, estaba a punto de subirle en el asiento de atrás.

— ¿Que hacemo? Vení acá si vamos nosotros solas.

— Ah, pensé que nos llevaban...

— Le digo si querés.

— Creo que no hace falta...

— Que loca que sos, veni, acompáñame o soy tu chofera.

Me subí al de acompañante y nos fuimos hasta el lugar, eran clases con grupos reducidos era obvio que Walter no la iba a acompañar, mucho no iba a poder hacer.
Llegamos, el profesor bastante buena onda, me dijo que si yo quería presenciar la clase y con un poco de vergüenza dije que si. Empezamos con las típicas caminatas, mirarse a los ojos, hasta que el decía que paremos y con la primera persona que crucemos mirada frente a frente íbamos a trabajar el resto de la clase, claramente Romina vino hacia mi, le daba vergüenza con las otras personas ya que no las conocía del todo, así que cruzamos miradas las dos, ella estaba que largaba una carcajada y yo igual pero nos mantuvimos serías. El profesor empezó a decir que nos acerquemos más, y cada vez más, con Romina estábamos a centímetros casi, nada fuera de lo común.

— Ahora, imagínense que esta persona que están viendo, la quieren y hace mucho que la estaban buscando, mírense con ese sentimiento.

Romina me miraba con una sonrisa, yo sabía que todo esto era parte del juego pero al verla me daban ganas de darle un beso, mantuvimos ese estado por unos segundos.

— Vean a esa persona, con deseo, con amor, con ganas de darle amor.

No parecía difícil, siempre nos mirábamos de esa manera aunque a veces finjamos que no.

— Dejen de mirarse e imaginen que esta persona a la que miraron con amor les hizo algo terrible.

Pensé en una sola cosa que podría romper este lazo, me dolía bastante que pudiera hacerse realidad, volvimos a las miradas.

— Ahora extrañan a esa persona, esa persona nunca les haría daño porque se aman, se quieren y se desean, mírense!

Podía ver la sinceridad en su cara, Romina sentía cosas pero le costaba admitirlo.

— De a poco, vayan tomándose de las manos, sientan el contacto con la otra persona, sientan esa piel. Acariciense el rostro con delicadeza, hagan de dos cuerpos uno, siéntanse uno.

Ambas nos abrazamos, nos compactamos la una a la otra, podía sentir la respiración acelerada de Romina.

— Sientan ese calor que genera el otro cuerpo, refugien esa energía de amor que acaban de brindarse con esa persona.

Romina dejo de respirar acelerada, y se tranquilizó, sentí como apoyaba todo su cuerpo en mi, había perdido ese miedo y esa vergüenza, estaba completamente entregada al ejercicio, el profesor paro todo pero nos dejó a nosotras en medio del ejercicio.

— Ven! Esto quiero que generen, un solo cuerpo.— nos señaló a las dos.— ahora sí chicas, pueden volver.

Romina estaba tan calmada que no había escuchado nada, así que yo misma la separé un poco de mí.

— ay...— suspiro.— estaba muy relajada.

— Esta perfecto.— le dijo el profesor.

La clase termino, ya había oscurecido, ambas estábamos en el auto.

— ¿Que te pareció?.— le pregunté.

— Me gustó, por un momento me quedé media dormida, no se cómo explicarlo...— se ríe.

— Estabas relajada.

— Será porque te tengo mucha confienza que es que puedo hacerlo.

— Seguramente, lo bueno es que te gustó.

— Veni a las clases conmigo.

— Pero vas a querer hacer todos los ejercicios conmigo vos.

— ¿Que no se puede?.

— La idea es que lo hagas con distintas personas para ir generando confienza.

— Pero yo quiero con vos...— se da media vuelta para mirarme.

apague la luz del auto que alumbraba toda la calle oscura de la cuadra, me acerque y le di un beso.

— Si vengo y hago todos los ejercicios con vos, tu profesor se va a dar cuenta.— le digo a centímetros de sus labios.

— No se va a dar cuenta...

— Que no...

Ahora ella fue la que me beso, con ambas manos me tomo del rostro, estaba en una posición incómoda que me quiso subir encima de ella pero le gane de ante mano, hice que ella lo hiciera, me separé un poco para besar su cuello, a ella le encantaba, podía sentir su respiración a mil y agitada, sus jadeos silencios, era mí sonido favorito, nos volvimos a besar y a besar, era nuestro momento, hasta que suena su celular, era Walter, ella lo mira pero la seguí besando, la volvió a llamar pero está vez atendió.

¿Ya venís?

— Ya salimos, recién termine la clase.

— Bueno. Dale que las nenas tienen hambre.

Les daba miedo prender una hornalla, la única que cocinaba ahí era Romina y hasta a veces yo cuando quería que la ayude.

— Vamo a tener que ir...— baja la mirada un poco angustiada.

— ¿No sabe cocinar?.

— Si pero bueno, el quiere que lo haga yo...

— Que cocine el, una vez aunque sea.

— ¿Que mi comida no te gusta?.

— Me gustas vos.— le dije volviéndola a besar, sabía que ella no iba a decir nada en palabras pero su cuerpo ya me demostraba todo.

Volvimos a la casa, pero antes de entrar al barrio, estacionamos el auto.

— Me hizo muy bien que me acompañarás hoy, insisto que deberías empezar a ir conmigo.

— Me parece bien que te haya gustado pero no porque vas a querer estar conmigo en todo ahí.

— ¿No te gusta que esté?.— se me acerca.

— ¿A vos te parece?.

Nos volvimos a besar, está vez fue un beso corto, no podíamos tardar más porque había alguien que la estaba esperando...

EllaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora