Te aferraste a la perilla de la puerta, aún consternada por lo que estabas viendo frente tuyo, de lo cual dos personas estaban ignorando por completo tu presencia mientras seguían en lo suyo. No podías moverte de tu lugar, hasta que tu bolsa cayó al suelo, generando un estrépitoso sonido que sacó de su atmósfera a la pareja en la cama y que al verte solo tragaron en seco.
Viste como tu novio deshacía el agarre de su abrazo alrededor de la chica y se levantaba con prisa, tratando de alcanzarte pero te mantuviste lejos de su agarre reaccionando a tiempo.
—Cariño, no esperaba verte.—Murmuró, recogiendo su camiseta del suelo, portando únicamente ropa interior.
—Veo que no.—Escupiste en su dirección, agarrando tu bolsa rápidamente antes de salir de ahí, tu único objetivo era la puerta y mantener toda la distancia posible.
—D-déjame explicarte, todo esto tiene una explicación.—Tartamudeó al principio, colocándose la camiseta al revés con prisa mientras iba detrás tuyo.
—¿Cómo que cariño? ¡Vuelve aquí!—La chica gritó desde la habitación con indignación, pero ninguno de los dos la escuchó.
Azotaste la puerta al salir y corriste al elevador, agradeciendo que estuviera en el piso donde te encontrabas. No respiraste hasta que la puerta se cerró justo cuando él salió de su dormitorio, poniendo una barrera para hablar. Había personas dentro del elevador y decidiste limpiar de manera discreta las lágrimas que amenazaban en salirse, no querías llorar en público pero tu dormitorio de igual manera quedaba muy lejos, además creías que si él se dignaba a buscarte, iría directamente a tu dormitorio.
Saliste tan pronto como el elevador abrió sus puertas en la primera planta, tratando de no chocar con los alumnos y personal que transcurrían por el lugar. Inhalaste el aire exterior de los condominios e ibas bajando el tramo de escalones cuando una persona chocó contra tu hombro, teniendo que apoyarte en el barandal para no terminar de perder el equilibrio.
—Fíjate por donde caminas.—Gruñó en tu dirección. Cuando reconociste su voz, pensaste en que era la última persona con la que querías lidiar.
—Cómo sea.—No te detuviste a discutir, solo querías salir de ahí.
Pero la mano que se aferró a tu hombro te detuvo de dar cualquier otro paso, retrocediendo hasta chocar con el cuerpo que te estaba deteniendo en tu lugar.
—Hey, ¿Qué haces aquí? ¿Acaso tu novio no estaba?—Te giraste para confrontarlo, mirando el rastro burlón en su rostro.
—No es de tu incumbencia, necesito irme.—Te zafaste de su agarre con fuerza, pero de nueva manera te detuvo en tu huida.
Cuando te observó a detalle, su semblante cambió.—¿Qué fue lo que pasó?
—Como si te importara los problemas de pareja que suceden con tu amigo y conmigo, deberías de estar contento en todo caso, no creo poder seguir con él después de hoy.—Tus palabras expresaban molestia, con tono amargo.
—Lo pregunto en serio, ¿Qué sucedió para que te pusieras de esa manera?—Frunció el ceño, esperando una respuesta.
—No quiero hablar de esto ahora, solo quiero irme de aquí.—Aunque sabía que una vez que te alejaras, no tenías a donde ir realmente. ¿Tu dormitorio? Absolutamente no, ¿A visitar a una amiga? Nadie se encontraba disponible.
—Te acompaño entonces, no pareces estar bien y no quiero que te suceda nada.—Bajó el escalón hasta quedar a tu lado, sorprendiéndote.
—No tienes que fingir preocupación, de todas formas siempre estarás de lado de tu amigo.
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