Bebé.

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Estaba estresado, quería llorar pero sabía que no podía.

La pequeña bebé en sus brazos se mecía con incomodidad, sin parar de llorar desde hace un largo rato. Había revisado su pañal, la temperatura o algún signo que no haya visto pero la bebé seguía llorando. Tampoco quería comer, mecerla en sus brazos y hacerle cosquillas no ayudaban, tampoco parecía que iría a dormir muy pronto.

—Vamos, cariño. ¿Qué es lo que te pasa?—Cuestionó como si pudiera tener una respuesta, pero la bebé siguió llorando de manera desconsolada entre sus brazos.—No podemos seguir así, Lia. Tenemos que dormir, papá tiene que seguir buscando un nuevo empleo, además apuesto que los vecinos nos correrán mañana.—Trató de reír, pero estaba tan frustrado que tan pronto como lanzó ese comentario sus ojos se volvieron llorosos.

Se cuestionó sobre qué había hecho mal en su vida pasada para estar en esa situación ahora. En menos de dos meses había tenido el honor de convertirse en padre, la madre de su hija los había abandonado tan pronto como pudo salir del hospital, no contaba con el apoyo ni de sus padres ni de sus suegros, su hermana rara vez podía ayudarlo a cuidar a la bebé pero lo entendía, ella ya tenía a su propia familia como para lidiar con la suya. Y si fuera poco, había sido despedido a pesar de haber pedido un permiso por paternidad totalmente justificado, diciendo que no necesitaban esa clase de personas como trabajadores.

Pensar que los vecinos probablemente lo reporten con el dueño de los departamentos y que lo echen de ahí fue su nuevo terror. El dinero estaba siendo justo y solo gastado para las necesidades de su hija, no podía permitirse alquilar otro lugar porque sabía las elevadas cantidades que cobran para un lugar donde vivir; buscar trabajo se estaba haciendo difícil considerando que no sabía con quién dejar a su hija y no tenía como costear a una niñera sin garantizar tener un empleo fijo. 

Apretó los labios antes de que se pudiera salir un sollozo y se sorprendió cuando escuchó unos golpes a su puerto. Cerró los ojos convencido de que sería algún vecino quejándose por los llantos de su bebé, por lo que se armó de valor mientras caminaba hacía la puerta.

—Por favor, bebé.—Suplicó una última vez mientras eliminaba cualquier rastro de lágrimas en sus ojos y abrió la puerta, sorprendiéndose.

—Hola, buenas noches.—Sonreíste cuando lo viste, señalando a tu costado.—Vivo a lado, y los vecinos y yo nos preguntábamos si estaba todo bien.

—Oh, perdón es que no sé que tiene Lia, no logro que se calme y no sé que más hacer.

Miraste el interior del departamento y luego a la bebé.—¿Quieres que te ayude? 

—¿Eres experta en tratar con bebés?

Te divirtió su comentario, asintiendo.—Crié a mis dos hermanos desde bebés, puedo intentar ver que le pasa a tu bebé.

—Entonces pasa.—Se abrió camino para que entraras y cerró la puerta detrás tuyo.

—¿Qué es lo que has hecho hasta el momento para ver qué le ocurre?—Tendiste tus brazos en su dirección, cediendo a la bebé.

—Revisé su pañal, pensé también que a lo mejor tendría hambre, intenté dormirla y pasearla pero nada funcionó.—Explicó con una mueca en su rostro.

—¿No pensaste que a lo mejor tiene cólicos?

—¿Cólicos? ¿E-eso no los tiene de grande?

Negaste, soltando una carcajada.—Los bebés en sus primeras semanas pueden tener cólicos, eso me explicó el doctor cuando me sucedió con mi primer hermano, tenía miedo y me sentía estresada, recurrí al doctor y me explicó que podí deberse a los cólicos.

—¿Y qué puedo hacer en esos casos?

—Lo que a mi me funcionaba era lograr que eructara, o en todo caso seguir meciéndolo, pero veo que no te estuvo funcionando.—Cuando lo viste negar, miraste el sillón.—¿Puedo sentarme?

—Oh, claro.—Se dirigieron al sillón, donde tomaste a la bebé con cuidado y la reposaste sobre tus piernas, teniéndola boca abajo mientras dabas ligeras caricias en su espalda.—¿Eso funcionará?

—Posiblemente, hay demasiadas formas para que los bebés puedan sentirse cómodos. Si no funciona, siempre podemos intentarlo de otra manera, ¿Tendrás alguna manta a tu alcance para envolverla?—Cuestionaste, viendo como los lloriqueos eran menos intensos pero aún persistían.

Se aproximó a la habitación para sacar una de las mantitas y regresó de manera rápida, tendiéndola en tu dirección. Agradeciste con una sonrisa antes de envolverla entre la manta, asegurándote que estuviera cómoda y pediste que bajara la intensidad de la iluminación, siendo apenas perceptible.

—Lo mejor es que esté en un lugar que no sea demasiado sofocante para ella, teniendo tan poco tiempo de nacidos son más delicados con el tema de los cólicos.—La meciste contra tu hombro con suaves palmadas en su espalda, arrullándola.

Los lloriqueos fueron disminuyendo, a tal grado que fue cuestión de tiempo cuando su llanto se detuvo y se relajó contra ti. Cuando la sentiste totalmente tranquila, con una mirada que le dirigiste se la entregaste, cuidando que no se despertara en el proceso.

Suspiró aliviado cuando sintió a su bebé contra su hombro tan tranquila, casi llorando en ese momento.

—Te lo agradezco mucho.—Comentó, sintiéndose cansado.—No sé como pagarte esto.

—Está bien, tómalo como un servicio a la comunidad.

—¿Nos dijsite de manera indirecta que somos un problema para la sociedad?—Cuestionó divertido, haciéndote negar de forma instantánea.

—No, por supuesto que no.—Elevaste tus manos en señal de paz.—Solo quise ayudar, y lo logré así que me siento satisfecha con ello.

—De todas formas, si no fuera por ti Lia seguiría llorando, debería de poder ofrecerte algo como agradecimiento.—Insistió en voz baja.

—Lo tomaré como un favor a futuro, si te parece bien. Por ahora me conformo con que todos estemos durmiendo y descansando bien.—Asintió en comprensión.—Entonces me voy, si necesitas cualquier otra cosa o tienes duda sobre los bebés, puedo ayudarte, solo estoy a una puerta de distancia.

—Muchas gracias, en verdad.—Te acompañó hasta la puerta, abriéndola para ti.—Buenas noches, descansa.

—Buenas noches, que descanses igual.—Asentiste como despedida y te dirigiste a tu departamento.

Y por primera vez, sintió que podía descansar lo que restaba la noche. Al igual que el resto de sus vecinos.

✎ Imaginas (IV)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora