SENTIMIENTOS

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Laia se encontraba en las gradas del Camp Nou, rodeada de aficionados del Barça que abucheaban y silbaban a los jugadores del Real Madrid que salían al campo. Pero Laia no podía prestar atención a los pitidos, su mirada estaba fija en Vinicius.

Él parecía ajeno al ambiente hostil, concentrado en el partido. Laia se fijó en su elegante movimiento y en la velocidad con la que corría por el campo. Era como si Vinicius flotara sobre el césped, haciendo que los jugadores del Barça parecieran torpes y lentos en comparación.

De repente, Vinicius giró la cabeza hacia las gradas y sus ojos se encontraron con los de Laia. Ella sintió como un escalofrío le recorría el cuerpo y se sonrojó al ver que él le había guiñado un ojo. Alba, que estaba a su lado, se rió de su reacción.

Laia intentó concentrarse en el partido, pero no podía evitar mirar a Vinicius de vez en cuando. Cada vez que lo hacía, él parecía responder a su mirada con una sonrisa y un gesto de complicidad.

El partido avanzó y el Real Madrid se puso en ventaja, lo que hizo que Laia se pusiera aún más nerviosa. Cada vez que Vinicius tocaba el balón, ella se levantaba de su asiento y aplaudía emocionada.

El partido seguía su curso, él Barça tenía la posesión del balón, pero el Real Madrid no se quedaba atrás, y en un momento dado, Vinicius y Gavi fueron a por el balón al mismo tiempo y se cayeron al suelo accidentalmente. Gavi se levantó enfadado y empujó a Vinicius, que se levantó sonriendo. Los jugadores de ambos equipos los separaron para evitar que la situación se agravara.

Vinicius se acercó a Gavi y le dijo:

- No te enfades, ha sido sin querer.

Pero Gavi seguía muy molesto. Vinicius, entonces, para hacerlo enfadar aún más, marcó un gol poco después y lo celebró haciendo la letra L con los dedos, en honor a Laia, la hermana de Gavi.

Laia, que había estado observando todo desde las gradas, sonrió al ver la dedicatoria del gol a su nombre. Alba, que estaba a su lado, también se emocionó al ver lo que acababa de suceder.

El partido continuó, y aunque él Barça intentó remontar, el Real Madrid se mantuvo firme en defensa y logró mantener la ventaja hasta el final del partido.

Después del partido, Vinicius se encontraba en la sala de prensa, rodeado de periodistas que querían hacerle preguntas sobre su gol y su desempeño en el partido. Uno de los periodistas levantó la mano y le preguntó directamente:

- Vinicius, todos queremos saber, ¿a quién iba dedicado tu gol?.

Vinicius se quedó en silencio por unos segundos, pensando en cómo responder sin generar polémica. Decidió ser lo más cuidadoso posible y simplemente dijo:

- Mi dedicatoria va para una chica especial.

Los periodistas comenzaron a hacer preguntas sobre quién podría ser esa persona especial, pero Vinicius se mantuvo en su postura y no dio más detalles al respecto. Decidió cambiar de tema y hablar sobre el partido en general, respondiendo a las preguntas de los periodistas con entusiasmo y sin dejar que la entrevista se centrará en su vida personal.

Laia entró en su habitación y se tumbó en la cama. Había sido un día agotador y estaba cansada. Pero no podía dejar de pensar en Vinicius. La forma en que le guiñó el ojo en el estadio la hizo sentir algo en su estómago. Pero no podía permitirse sentir nada por él. Su hermano Gavi lo odiaba y no quería causar problemas en su familia.

Mientras tanto, Gavi estaba en la sala de estar viendo la repetición del partido. Todavía estaba enfadado por lo que había pasado en el campo y no podía sacar de su cabeza la imagen de Vinicius marcando el gol y haciendo la letra L, Gavi quería hacerse la idea de que no iba para su hermana.

Laia intentó dormir, pero no podía dejar de dar
vueltas en la cama. Se levantó y se dirigió al baño. Mientras se lavaba la cara, escuchó a Gavi entrar en su habitación. Se detuvo en seco y esperó a que Gavi la llamara, pero no lo hizo.

Después de unos minutos, Laia salió del baño y encontró a Gavi sentado en su cama, mirando fijamente al suelo.

- ¿Qué pasa, Gavi? -preguntó Laia.

- Nada -respondió Gavi, sin levantar la cabeza-. Solo estoy cansado.

- ¿Seguro? - un poco preocupada

- Laia, dime porfavor, que nunca has hablado con Vinicius

- Nunca, solo lo conozco de vista - mintiendo

- Vale, te creo - dijo Gavi abrazando a su hermana

Laia se acostó en su cama y cerró los ojos, tratando de conciliar el sueño. Pero no pudo. Todo lo que podía pensar era en Vinicius y en cómo quería verlo de nuevo.

Después de horas de dar vueltas en la cama, Laia se durmió. Pero no sin antes prometerse a sí misma que no volvería a pensar en Vinicius. No valía la pena arriesgar su relación con su hermano por un chico.

Vinicius estaba en su habitación del hotel junto a Valverde. Ambos estaban cansados después del partido, pero Vinicius no podía dejar de pensar en Laia. Sentía algo especial por ella, pero al mismo tiempo tenía miedo de que le rompieran el corazón. Valverde se dio cuenta de lo que estaba pasando por la cabeza de su amigo.

- Oye Vinicius, ¿qué pasa con Laia? ¿Te gusta ella verdad? - preguntó Valverde mientras se sentaba en la cama.

- ¿Cómo lo sabes? - preguntó Vinicius sorprendido.

- Lo sé porque te conozco bien, amigo. Además, no pude evitar notar la forma en que la mirabas en el partido - respondió Valverde con una sonrisa en el rostro.

Vinicius se quedó en silencio por unos instantes, intentando procesar sus sentimientos. Finalmente, decidió abrirse con su amigo.

- Sí, me gusta mucho Laia. Pero no sé si debería intentar algo con ella. No quiero arriesgarme a salir lastimado - admitió Vinicius.

Valverde reflexionó por un momento antes de hablar de nuevo.

- Te entiendo, Vinicius. Pero mira, te conseguí algo que puede ayudarte - dijo Valverde mientras sacaba un papel del bolsillo de su chaqueta y se lo entregaba a Vinicius.

- ¿Qué es esto? - preguntó Vinicius mientras miraba el papel con curiosidad.

- Es la dirección de la academia de patinaje de Laia. Si realmente te interesa, puedes ir a verla mañana y hablar con ella - explicó Valverde.

Vinicius se quedó pensando por un momento antes de tomar una decisión.

- Gracias, Valverde. Voy a pensarlo, pero no sé si me atreveré a hacerlo - dijo Vinicius con cierta inseguridad.

- No hay problema, amigo. Lo importante es que tengas opciones - respondió Valverde con una sonrisa.

Después de conversar un poco más, ambos amigos se durmieron en sus camas, pero Vinicius no podía dejar de pensar en Laia y en la posibilidad de verla de nuevo.

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