20. Final II: A centímetros de tí.

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N/a: Bienvenidos al último capítulo de la fic (en caso de que hayas elegido este camino).
Vuelvo a rememorar que este final no tiene nada que ver con el anterior. Es una vía diferente y que lo haya puesto al final no significa nada.

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No hacía mucho tiempo desde que cesaron las turbulencias en el avión, hecho que agradecía. Nunca había tenido un vuelo así de movido, las sensaciones de estar en una montaña rusa no lo abandonarían tan fácilmente. Ya habían anunciado el descenso por el altavoz y el murmullo se hizo notar entre la tripulación; pero, a pesar de la incomodidad del ambiente, su mente tenía lugar en otro lado totalmente ajeno a la situación.

El peso del cuadernillo sobre sus piernas comienza a serle molesto, pero no quiere guardarlo aún, debía ensayarlo un poco más. Había dedicado gran parte de su viaje, en vela, a elegir las palabras en su cabeza para formar un discurso de disculpas adecuado que le presentaría a su amante, con la formalidad necesaria. Sostiene el celular bloqueado entre sus manos, para poder ver su reflejo en él. Necesitaba verse maduro, convincente y quizás algo atractivo, pero eso sería un problema que arreglaría al ingresar al evento. Y si bien, en el fondo, sabía que no tenía de qué disculparse en sí, haría cualquier cosa por arreglar el vínculo que tanto les había costado formar.

Una vez se estabiliza el transporte en el suelo nipón, la multitud comienza a aglomerarse para salir. El biólogo, desde su lugar, observa y deduce que en España y en todos lados, la humanidad saca su lado animal cuando debe salir de un lugar lleno.
Al cabo de un rato, su paciencia obtuvo su recompensa y pudo salir tranquilo hacia la zona de equipaje, la cual incluso ya ni tenía tiempo de espera para retirar.

En menos de 10 minutos, había logrado salir del aeropuerto, con grandes expectativas y nuevos aires de motivación. Una vez se coloca la chaqueta, se siente impenetrable ante el invierno. Inhala el aire gélido con amplitud y exhala con fuerza para prepararse.

Detiene un taxi, sube su maleta y luego lo aborda. El chófer incluso es amable con él, notando  esas ganas de conversar acerca del tiempo y demás cosas típicas de gente mayor. Logra oír algo del relato acerca de un asesino en serie, pero no puede centrar su mente más que en la prisa de querer llegar a su destino.

—Señor, no creo que pueda dejarlo en la puerta de la universidad. Hay demasiada congestión. —exclamó el chófer, disminuyendo la velocidad del vehículo hasta detenerlo al borde de la acera. —Hasta aquí. Deberá continuar por esta misma calle. A la vuelta de aquella curva queda la entrada.

—Es usted muy amable. Muchas gracias. —terminó por responder el biólogo antes de descender del taxi y emprender el último tramo de su viaje.

Teniendo los pies sobre el pavimento, sintió el último rugido del motor alejarse de su posición, dando lugar a un vacío de sonido exquisito, que permite disfrutar mejor de la vista que tiene frente de sí. La iluminación de las calles es algo lúgubre, un que otro vehículo tiene alguna luz roja encendida y hace de la calle un sendero más atractivo de transitar. A medida que sus pasos avanzan y recorre esa pequeña curva que se le había mencionado, puede obtener la vista completa del horizonte, divisando la luminosa universidad, un bochorno casi imperceptible, y de fondo...

el mar.

«Noriaki jamás había mencionado que estaba tan cerca de la costa», piensa.
Considera que puede ser uno de los motivos que lo llevaron a estudiar la carrera que escogió y le complacía sentir que esa pasión era, en parte, lo que los había unido.

Extasiado por el arrullo de las olas, su caminata en descenso hacia la edificación se hizo más placentera. Si bien tuvo que esquivar algunos automóviles mal aparcados, no tuvo mayores complicaciones a pesar de que iba con el tiempo justo. Sin embargo, estando a una cuadra del edificio, un pequeño callejón de iluminación le pareció el lugar ideal para cometer un pequeño crimen. Desde que bajó del taxi, no se había cruzado ni una sola persona, así que sería muy poco probable que alguien pudiera aparecer ahora y descubrirlo en pleno delito; ya que se arrimaría hacia el rincón más oscuro, detrás de un contenedor, para cambiarse de ropa.

A kilómetros de ti. (JJBA) -JotaKak-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora