6.Andrómaco y Hestia.

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Pasaron las primeras primaveras en Hestia, y los ciudadanos aprendieron a olvidar los horrores de la guerra.

Tal y como los creadores habían pedido, los ciudadanos rezaron a sus dioses diariamente, y estos les protegíeron de cualquier inclemencia externa en contraprestación.

La ciudad, estuvo ajena a las enfermedades y los horrores del combate, justo como les había prometido la diosa.

Había crecido su población en pocos años hasta duplicar el número de habitantes, y era ahora una arcadia donde los ciudadanos disfrutaban de las tareas asignadas, y compartían su tiempo libre entre sonrisas y alegría.

Hestia, la diosa griega del hogar y la armonía, conocía muy bien los vaivenes de la vida, tras la grieta en los bajos del Olimpo.

Sin embargo, un encuentro inesperado iba a cambiar su rutina divina de una manera significativa.

Durante una de las festividades en el monte sagrado de la ciudad, la diosa se cruzó con Andrómaco, el valiente general griego conocido por su valía en el campo de batalla y que trajo a su pueblo hasta el Olimpo tal y como le pidió ella misma.

Desde el momento en que sus miradas se volvieron a encontrar, y como si fuese obra del propio Eros, una conexión especial pareció surgir entre ellos.

El magnetismo deAndrómaco,combinado con la serenidad y calidez de Hestia, crearon una mezcla irresistible. A medida que pasaban más tiempo juntos, su relación fue creciendo y evolucionando, traspasando las barreras que separaban a los mortales de los dioses.

La diosa del hogar, quien dedicaba su existencia a velar por la estabilidad y la paz en los hogares, encontró en Andrómaco un compañero excepcionalmente comprensivo y generoso.

A través de sus conversaciones, Hestia descubrió el peso que había llevado durante años Andrómaco sobre sus hombros como líder militar y cómo era capaz de anhelar la paz tanto como ella.

En sus momentos de intimidad, Hestia brindó a Andrómaco el consuelo y la calma que necesitaba para enfrentar los desafíos de su nueva vida cotidiana tan alejada del campo de batalla.

Mientras tanto, Andrómaco le ofrecía a Hestia una nueva perspectiva del mundo, colmándola de historias de coraje y sacrificio en el campo de batalla, una realidad que ella ya había escuchado relatar anteriormente al padre de Andrómaco, cuando éste era un niño.

Sin embargo, a pesar de su profundo amor, Hestia y Andrómaco sabían que su relación era un auténtico desafío. El destino de Andrómaco estaba entrelazado con las batallas y los conflictos de la antigua Grecia, mientras que Hestia debía cumplir con su papel divino, asegurando la armonía no solo en el Olimpo sino en los hogares de los mortales.

Con el tiempo, llegaron a un acuerdo: aprovecharían al máximo el tiempo que tuvieran juntos, saboreando cada instante de amor y comprensión mutua.

Andrómaco encontró en Hestia la paz y el refugio que necesitaba, mientras que Hestia se deleitaba en la pasión y la valentía de su amado general.

Aunque su relación pudo parecer efímera en el gran esquema del tiempo divino, y más viniendo de una diosa, el amor que Hestia y Andrómaco compartieron dejó una huella imborrable en sus corazones.

A través de su conexión, descubrieron que incluso los dioses y los mortales podían tener más en común de lo que les habían contado a ambos, y que incluso podían encontrar la felicidad en la unión, aunque supiesen que aquello tendría fecha de caducidad.

La historia de amor prohibido entre Hestia, y Andrómaco, se fue intensificando a medida que pasaba el tiempo. A pesar de que sabían que su relación estaba destinada a ser efímera y que los dioses jamás mirarían con buenos ojos la unión entre una diosa y un mortal, no pudieron evitar dejarse llevar por los sentimientos que florecían entre ellos.

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