3. Sueños de libertad.

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En algunas ocasiones, parece que los verdaderos  sueños estén reservados para los dioses.

A Néstor le habían contado desde pequeño, la historia del origen de los sueños, en la que Hypnos, el dios del sueño y hermano de Zeus, y Pasitea, la diosa del descanso y la relajación,contrayeron matrimonio y  tuvieron más de mil hijos.

Hypnos habitaba junto a su hermano Tánatos en una cueva oscura, donde no podían penetrar los rayos del Sol ni el sonido, en alguna isla de la que ningún mortal, conocía realmente su paradero.

Debajo de la cueva, el rio del Olvido deslizaba sus aguas en un breve murmullo que invitaba a dormir. En el centro del palacio, el dios descansaba sobre un lecho de plumas y ébano, rodeado de cortinas negras.

La entrada a la habitación, rodeada de amapolas y otras plantas hipnóticas, estaba vigilada por Morfeo, que velaba porque nadie despertase al dios de sus deseados sueños.

Néstor había escuchado decenas de veces la historia en la que Hera promete a Hypnos, que, si es capaz de adormecer a Zeus, le entregaría a Pasitea, la más joven de sus Gracias.

Hypnos accede, pero al despertar Zeus intenta echarlo del Olimpo y tiene que intervenir su madre para que esto no ocurra y consiguió hacerse con Pasitea como esposa y tener más de mil hijos.

De estos más de mil oniros, que era como se llamaba a los hijos de los dioses, tres de ellos se dedicaron especial y específicamente a velar por los sueños de dioses, semidioses y reyes. Sus nombres eran Fantaso, Morfeo y Fobétor.

Los tres vivían en distintos pasillos de la misma cueva al borde del Inframundo donde vivía Hypnos, y por las noches, abandonaban su caverna y salían volando como murciélagos en las noches oscuras, hasta los confines del mundo conocido.

Esta caverna tenía dos puertas, una hecha de cuerno que representaba a los sueños verdaderos, y otra hecha de marfil, que representaba a los sueños falsos. Los sueños que venían por el pulido marfil, engañaban a los hombres, trayendo palabras que no tenían ningún efecto posterior, mientras que los que salían del pulimentado cuerno, anunciaban al mortal sueños que realmente se verificaban.

Fantaso se encargaba de los sueños inanimados de la naturaleza. Era el dios provocador de fantasías que nublaban la razón, y creaban confusión entre lo real y lo imaginario.

Por su parte Morfeo, aparecía por las noches e inducía el sueño a los mortales, haciéndoles huir de las maquinaciones de los dioses, al menos durante la noche y por ellos era un dios muy querido entre reyes y otros mandatarios.

Solía aparecer con forma humana, y normalmente jugaba a confundirse con un ser querido.

Por último, Fobétor, aparecía en lo sueños representado con forma de todo tipo de animales, y era portador de pesadillas y ocasionalmente de sueños proféticos.

Los tres solían dejar los sueños del resto de los mortales a sus hermanos Oniros y se encargaban de enviar mensajes divinos sobre todo de reyes y otras personas nobles.

El pequeño Nestor estuvo recibiendo sueños durante años, y según avanzaba en edad, más indagaba en saber qué tipo de mensajes son los que traían los sueños.

Para desgracia suya, un simple mortal como Nestor no podía ser capaz de saber desde que puerta salían nuestros sueños, y solo le quedaba esperar que aquellos sueños que anunciaban buena fortuna se hiciesen realidad, aunque nunca tuviese la certeza de que eso fuese cierto.

Había sueños inescrutables y de lenguaje oscuro, donde no se cumplía todo lo que había anunciado en el mismo, y había sueños dulces que cualquiera podría haber pensado que solamente hacía falta tocarlos para saber que eran reales.

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