8. La Biblioteca de Hestia.

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Desde la fundación de la ciudad de Hestia, sus habitantes se preocuparon profundamente por preservar y difundir el conocimiento entre sus ciudadanos presentes y futuros.

Reconociendo la importancia de una biblioteca como fuente invaluable de sabiduría, decidieron establecer una institución dedicada exclusivamente a recopilar y resguardar algunos libros y documentos rescatados a lo largo de la historia.

Así nació la Biblioteca de Hestia, un majestuoso edificio construido con la intención de albergar para el futuro una vasta cantidad de obras literarias y académicas. La comunidad se unió en un esfuerzo conjunto para donar libros y recursos, asegurándose de que la biblioteca se convirtiera en un tesoro invaluable de información para las generaciones venideras.

Con el paso del tiempo, la biblioteca de Hestia se convirtió en un centro intelectual y cultural de interés para todos. No podía atraer a eruditos, académicos y curiosos de otras partes, que pudiesen debatir conocimiento y exploración, pero la biblioteca se enriqueció con la ayuda y aportación de los dioses, convirtiéndose en un faro de sabiduría en el corazón de la ciudad.

Según contaban los más mayores, la diosa de la sabiduría y la estrategia, Atenea, fue una de las deidades que contribuyó generosamente a la biblioteca. Se dice que entregó una colección de antiguos pergaminos con textos clásicos y filosóficos, así como mapas detallados y tratados científicos.

Estos valiosos aportes de Atenea se consideraron una bendición divina para Hestia, ya que ampliaron significativamente el alcance y la diversidad del conocimiento disponible en la biblioteca.

A medida que pasaban los años, la Biblioteca de Hestia seguía creciendo en tamaño y prestigio. Nuevas salas y anexos se agregaron para dar cabida a la creciente cantidad de obras y visitantes.

Los habitantes de la ciudad se sentían orgullosos de su biblioteca, considerándola un símbolo de su dedicación al aprendizaje y su compromiso con el progreso.

La biblioteca en sí misma era un edificio de notable tamaño, construido con mármol blanco brillante que reflejaba la luz del sol en las soleadas mañanas. Sus altas columnas y magníficas esculturas de dioses decoraban la fachada, mientras que los murales intrincados contaban historias mitológicas y épicas en sus paredes interiores.

Al ingresar en la biblioteca, uno podía encontrarse con pasillos largos y amplios, llenos de estanterías de madera oscura que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Los estantes están repletos de innumerables rollos de papiro y pergaminos, meticulosamente ordenados y clasificados.

Los pasillos estaban iluminados por lámparas de aceite, que proyectaban una suave luz dorada sobre los libros y creaban una atmósfera acogedora y tranquila.

El suave aroma a incienso flotaba en el aire, creando una sensación de serenidad y contemplación, que invitaba a quedarse horas en el recinto.

En medio de la vasta biblioteca, había una puerta ornamentada y tallada con símbolos enigmáticos. Era la entrada a una sala especial, a la que solo unos pocos elegidos podían acceder. Esta sala estaba resguardada por Acromo,un guardián sabio, de los más antiguos de la ciudad, aunque su rostro no lo mostrase, que custodiaba el conocimiento más profundo y poderoso.

El joven Néstor era desde pequeño un apasionado del conocimiento y se encontraba fascinado por la biblioteca de Hestia. A pesar de su falta de comprensión inicial sobre los símbolos misteriosos grabados en la puerta de entrada, nunca dejó de observarla cada vez que iba. Cada vez que se acercaba a la biblioteca, se detenía frente a la imponente puerta y se preguntaba qué secretos ocultaba realmente.

Con el tiempo, Néstor comenzó a observar detenidamente los símbolos y a estudiar su forma y disposición. Pasaba horas en la biblioteca leyendo libros de historia, mitología y simbología, tratando de encontrar pistas que le ayudaran a descifrar el enigma de la puerta.

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