El silencio repentino en mi audífono fue como una puñalada de hielo. La estática me confirmó lo que sospechaba: el canal había sido interceptado. Jimin. Tenía que ser él. Ese pequeño demonio siempre iba un paso por delante de mí, hackeando no solo mis sistemas, sino mi capacidad de reacción.
Caminé por los pasillos de la mansión de Tony Montana tratando de mantener la compostura, pero mis entrañas eran un incendio. Si Jimin pretendía enfrentar al Russo solo, estaba firmando su sentencia de muerte antes de doblar la esquina. Mi plan original con Taehyun y Hoseok era una operación de precisión, una distracción táctica para limpiar el camino. Pero Park Jimin acababa de dinamitarlo todo.
Mierda. Mierda. ¡Maldita sea!
El plan, la venganza contra el Russo, la estrategia de años... todo se fue a la mismísima mierda en el momento en que me di cuenta de que su vida corría peligro. A la mierda el tesoro. A la mierda el juego. Jimin era mi única prioridad.
Corrí. Me alejé de la música clásica y el olor a perfume caro, adentrándome en las alas privadas de la mansión. Mis pulmones ardían, pero mi mente solo repetía una promesa: si alguien le tocaba un solo cabello a Park Jimin, convertiría este lugar en un matadero que la historia no olvidaría. Taehyun me mataría por arruinar la operación, pero prefería su furia que vivir en un mundo donde Jimin fuera solo un recuerdo.
Crucé el pasillo final y me detuve en seco. La escena que encontré me dejó con la mandíbula en el suelo.
Allí estaba él. Seis guardaespaldas del Russo, moles de casi dos metros de altura y músculos de acero, rodeaban a esa pequeña figura de 1.74 metros. Lo que siguió no fue una pelea, fue una danza macabra de carnicería pura.
Había visto a Jimin pelear antes, pero esto... esto era otro nivel. ¿Cómo ese cuerpo tan delicado, con ese rostro que parecía tallado por ángeles incapaces de dañar a una mosca, podía moverse con la brutalidad de un maniático? Jimin era una bestia, una criatura de instintos letales.
Esquivaba golpes que habrían pulverizado huesos, devolviendo ataques con una velocidad que el ojo humano apenas podía seguir.
Era increíble. Esos monstruos lo doblaban en peso y fuerza, pero Jimin los estaba arrastrando por el fango. Usaba su centro de gravedad, su agilidad felina y una falta de piedad que me hizo hervir la sangre de puro deseo.
Mierda, Park... eres perfecto.
Me quedé allí, hipnotizado. Me saqué el premio mayor. ¿Dónde había aprendido a mutilar con tanta elegancia? Con un movimiento fluido, sacó una daga de su tobillo y degolló a uno con la precisión de un cirujano. Pero lo que me dejó sin aliento fue ver cómo, tras perder su arma en el forcejeo, sacó lo que parecía un lápiz táctico y se lo hundió en los ojos a otro guardaespaldas.
¡Le sacó los ojos con un maldito lápiz!
La escena era lo más excitante que había visto en mi vida. Jimin estaba de pie en medio del pasillo, rodeado de cadáveres. Su traje negro estaba salpicado de sangre ajena, gotas rojas decoraban su rostro perfecto como rubíes macabros. Tenía la respiración agitada, los nudillos en carne viva y algunos botones de su camisa desabrochados, dejando ver la tensión de su pecho.
— Mierda, tan excitante y sexy... — las palabras escaparon de mis labios sin control.
Jimin se giró bruscamente. No se había percatado de mi presencia hasta ese momento. Me miró con ojos encendidos por la adrenalina y la furia.
— ¿Qué mierda haces tú ahí? — rugió, su voz era un látigo.
— Venía a ayudarte, pero... parece que tenías la situación bajo control, mi amor — respondí, incapaz de quitarle la vista de encima.
Caminó hacia mí con la rapidez de un depredador. En un abrir y cerrar de ojos, me tomó del cuello del saco y me estrelló contra la pared. El impacto me sacó el aire, pero la sensación de su cuerpo contra el mío me hizo ignorar el dolor. Colocó su daga directamente contra mi garganta, el metal frío presionando mi piel.
— ¡¿Qué haces aquí?! ¡Lárgate de una vez antes de que te corte la puta garganta, Jungkook! — sus ojos eran dos pozos de odio y fuego.
— Pero, mi vida... ¿por qué cada vez que nos vemos tenemos que terminar así? — le dediqué una sonrisa provocadora, sintiendo cómo mi pantalón se ajustaba debido a la cercanía.
— ¡Cierra la boca y lárgate! Estás arruinando mis planes, bastardo inútil. No me obligues a sacarte del camino aquí mismo.
— ¿Tus planes? ¿O sea que tú también vienes por esa basura rusa?
— ¡Eso no es asunto tuyo! — presionó la daga un milímetro más — . No me estorbes. Si te cruzas en mi camino de nuevo, tendré que deshacerme de ti.
— Vamos, nene... podemos resolver esto juntos. Podemos ser un equipo...
Mi frase quedó suspendida en el aire. Por la puerta al final del pasillo, un último guardaespaldas, que había quedado herido pero no muerto, se asomó con un arma automática. Jimin estaba de espaldas a él, demasiado concentrada en su furia hacia mí.
— ¡JIMIN, CUIDADO! — grité, tratando de girarnos para cubrirlo con mi propio cuerpo.
— ¡Agh! Mierda...
El sonido ensordecedor de un arma siendo descargada retumbó en las paredes de mármol. El estruendo fue seguido por un silencio sepulcral que solo se rompió con el sonido de algo pesado cayendo al suelo. El mundo pareció ralentizarse mientras mis ojos buscaban desesperadamente cualquier rastro de daño en el hombre que tenía frente a mí.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
FanfictionEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
