Capitulo 15: Reliquias de plata

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Jimin debe de estar odiándome con cada fibra de su ser en estos momentos. Y siendo honestos, tiene toda la razón. Desaparecer durante años, fingir un entierro y resurgir de las cenizas con una identidad manchada de sangre no es algo que se perdone con una caja de bombones.

​Entiendo su furia, pero no su dolor; a mí no me mintieron durante una década. Si los papeles se invirtieran, yo probablemente ya habría quemado la ciudad entera con él adentro. Tengo dos caminos frente a mí: el primero, que el destino se apiade y Jimin recupere al chico que amó bajo una nueva luz. El segundo, que me reciba con un balazo en la sien y me mande de "vacaciones" permanentes.

​Cualquiera con cerebro apostaría por la segunda opción, pero mi padre no crió a un cobarde. Tomaré el riesgo. No pienso irme de este mundo sin su perdón, aunque tenga que arrastrarme por el fango para conseguirlo.

​Mientras tanto, debo mover mis fichas. El Ruso sigue escondido como la rata que es, pero mis hombres están olfateando su rastro. Taehyun, mi mano derecha y el hacker más brillante (y desquiciado) que conozco, entró en mi oficina rompiendo el silencio con una carpeta que golpeó mi escritorio.

​— Todo resultó. Tengo la ubicación del cargamento de los estadounidenses. Trato de armas y exportación de menores — anunció Taehyun con esa calma que precede a la tormenta.

— Perfecto — respondí, abriendo la carpeta —. Ya sabes qué hacer. Si no cooperan, mátalos a todos. Pero, Taehyun... no olvides traerme a un par con vida. Necesito algo de "entretenimiento" para liberar tensiones.

— Hecho. Daré la orden para que traigan a tus nuevas mascotas.

​Taehyun guardó su teléfono tras autorizar la masacre, pero no se movió. Se quedó allí, observándome con una chispa de malicia en los ojos.

​— ¿Algo más, Taehyun? — pregunté, arqueando una ceja.

— ¿Qué? ¿Ya no puedo venir a tomarme un café con mi querido jefe?

— Sé perfectamente que no viniste solo por el café. Habla.

​— Vaya, qué perspicaz... — Taehyun se inclinó sobre mi escritorio —. Tengo algo que podría interesarte, pero no te va a salir gratis. Es sobre Jimin. ​Sentí un pinchazo de adrenalina.

— ¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Poder? ¿Autos? Pide lo que sea.

— No estoy tan desesperado, Jungkook. El dinero me sobra —sonrió con suficiencia —. Quiero tu arma de plata. ​Me quedé helado.

— ¿Es un chiste? Sabes que esa pieza es mi favorita, joder. Pide que fundan una para ti, pero esa no.

— Esa pistola tiene un aura de suerte que no se compra — insistió él —. ¿Tenemos trato o me llevo la información a la tumba?

​Con un suspiro de frustración, saqué la Beretta de plata bañada en cromo de mi gaveta y la puse sobre la mesa. El metal brilló bajo la lámpara.

— Habla de una vez. ¿Qué averiguaste?

​— Park Seokjin — soltó Taehyun. El nombre resonó como un disparo —. ¿Te suena?

— Por supuesto. Es el hermano mayor de Jimin. Murió el mismo día que su padre. Recibió disparos en la cabeza y el pecho en la primaria... mi madre me lo contó mil veces.

— Mentira — Taehyun soltó una risita seca —. Aparentemente, ese chico es un experto en el arte de fingir muertes, igual que tú. Está vivo.
​El aire pareció abandonar la habitación.

— ¿Qué? Eso es imposible. Nadie sobrevive a eso.

— Bueno, las cámaras de seguridad de París dicen lo contrario. Logré rescatar una grabación de hace siete años, del 12 de agosto de 2016. Se ve a un hombre con sus rasgos bajar de un auto en una zona exclusiva.

​— Asegúrate de lo que dices, Taehyun. Si Seokjin está vivo y esto llega a oídos equivocados, irán por él para terminar el trabajo.

— Lo sé. Pero piénsalo: si sobrevivió a esos disparos, hay dos opciones. O está manejando el imperio Park desde las sombras de Europa como un genio invisible... o el trauma le causó una amnesia tan profunda que no sabe ni quién es, y por eso nunca volvió por Jimin.

​— Si perdió la memoria, alguien tuvo que cuidarlo — reflexioné en voz alta—. Jimin era demasiado pequeño entonces. Alguien mayor lo ocultó, lo crió y lo mantuvo lejos del radar.

— Exacto. Alguien que sabía exactamente quién era ese niño y decidió usarlo como una pieza de reserva.

​Me puse de pie, sintiendo que el tablero de ajedrez se volvía tridimensional.

— Investiga todo. Si tienes que ir a París hoy mismo, hazlo. Necesito saber si ese chico es un aliado o una amenaza antes de que Jimin descubra que su hermano no es polvo en un cementerio.

​— Como digas, jefecito — se burló Taehyun, tomando el arma de plata con una caricia casi amorosa.

— No me llames así. Sabes que lo odio.

— Y yo odio trabajar, pero aquí me tienes. Aunque... no niego que disfruté sacándole las entrañas a ese soplón español la semana pasada.

— ¿Ves? La creatividad es lo que hace al maestro — le dije con una sonrisa depredadora —. Si no eres creativo, nadie admira tu obra.

​— Tienes razón. La próxima vez le arrancaré los ojos y haré que se los coma mientras dejo que unas ratas lo "acarician" un poco.

— De eso hablo, Taehyun — le di una palmada en el hombro —. Júntate conmigo y se te pegarán todas mis buenas costumbres.

𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora