Después de unos diez minutos tendido en el frío mármol, intentando recuperar el aire y esperando a que el fuego en mi entrepierna se redujera a un rescoldo soportable, logré ponerme en pie. La patada de Jimin había sido quirúrgica, diseñada para incapacitar. Mi "precioso ángel" definitivamente quería dejarme sin herederos. Caminé a pasos lentos, con la mandíbula apretada, jurando que lo primero que haría al salir sería visitar a un médico. Jimin casi me rompe el pene, y aunque me excitaba su agresividad, mi anatomía tenía un límite.
Llegué al vestíbulo, pero el panorama había cambiado. El caos de la fiesta seguía, pero no veía por ningún lado a Taehyun ni a Hoseok. ¿Dónde mierda se habían metido? Justo cuando mi paciencia estaba por agotarse, el comunicador crujió en mi oído.
— ¿Dónde mierda se supone que estás, Taehyun? — gruñí.
— En el estacionamiento. El plan no salió como esperábamos, Kook. Sal de ahí ahora.
Me dirigí hacia la salida, forzando una caminata normal. Gracias a que mi camisa era negra, la mancha de sangre en mi pecho era invisible bajo las luces tenues de la mansión, a menos que alguien se pegara a mí lo suficiente como para oler el hierro. Al llegar al auto, me encontré con una escena desastrosa.
— ¡Mierda! ¿Pero qué demonios les pasó a ustedes dos?
Taehyun tenía un ojo morado, el pómulo hinchado y el labio partido. Hoseok estaba igual o peor, con rastros de sangre seca y moretones que empezaban a tornarse violáceos.
— ¿Tú qué crees? — escupió Taehyun, furioso —. ¡Los malditos amigos de tu novio nos emboscaron, imbécil!
— ¿Yongui y el otro... el de rasgos italianos?
— ¡Sí! ¡Maldita sea! — Taehyun golpeó el capó del auto —. Cuando íbamos a buscarte para ejecutar la fase final, nos cerraron el paso. Nos entraron a golpes; estoy seguro de que fueron la maldita distracción para que Jimin llegara al Russo.
— Ahg, que jodida mierda... —mascullé, sintiendo una punzada de respeto por la coordinación del equipo de Jimin —. ¿Están bien? ¿No hay heridas de bala?
— ¿Parezco estar bien? ¡Mírame la cara, Jungkook! — estalló Taehyun —. Debemos irnos. Llamaré al médico para que nos examine.
— Sí, que los examine a ustedes... —corregí rápido, pero mi voz me traicionó.
— ¿Que nos examine? — Taehyun entrecerró los ojos —. Hablaste como si tú también estuvieras herido.
— Me equivoqué, quise decir que los revise a ustedes dos. Vámonos.
— A mí no me engañas. ¿Qué mierda pasó contigo ahí dentro? Sé que algo sucedió. Exijo que me lo digas ahora.
— El Russo escapó, Taehyun. Eso pasó.
— Lo imaginé. Los comunicadores se apagaron, tú desapareciste y los bastardos de Jimin nos mantuvieron ocupados. Pero eso no explica por qué te mueves como si tuvieras un clavo en las costillas.
— ¡No es nada! Solo vámonos...
— ¡Dime! — Taehyun me tomó de la muñeca antes de que pudiera subir al auto. Su mirada bajó a mi pecho —. ¿Qué es esa mancha?
Antes de que pudiera apartarlo, Taehyun tiró de mi camisa negra, rompiendo los botones bruscamente. La tela se abrió, revelando el vendaje improvisado y la carne viva donde la bala me había besado.
— ¡Te dispararon! — gritó, su rostro palideciendo.
— Es un rasguño, Taehyun. Estoy acostumbrado.
— ¿Un rasguño? ¡Tienes un agujero de bala en el pecho, Jungkook! Fue por él, ¿cierto? Me quedé en silencio, apretando los dientes.
— Fue por Park Jimin. No pudiste recibir ese impacto por error; eres demasiado astuto para que un guardaespaldas común te sorprenda. Te arrojaste frente a la bala por él. ¡Respóndeme!
— ¡SÍ! ¡MIERDA, FUE POR ÉL! — grité, perdiendo los estribos —. ¿Estás feliz ahora?
Taehyun dio un paso atrás, como si mis palabras le hubieran dolido más que los golpes de Yongui.
— ¿Qué te está pasando, Jungkook? Tú no te arriesgarías por nadie más que por ti mismo. Pero lo haces por él... un tipo que intenta matarte cada vez que te ve.
— No es así. Lo haría por ti también —mentí, tratando de suavizar el golpe.
— Mentira. Arriesgaste tu vida por alguien que te desprecia. ¿Y si ese disparo hubiera ido directo al corazón?
— Pero no fue así. Estoy vivo.
—¡Debes frenar esto! — Taehyun se acercó, su voz bajando a un susurro lleno de miedo —. No puedes volver a recibir un impacto en esa zona, Jungkook. Lo sabes perfectamente. El médico fue claro la última vez: tu tejido está débil, otra herida ahí y no habrá cirugía que te salve.
— Tú no entiendes, Taehyun...
— ¡No! ¡Entiendo perfectamente! Estás arriesgando tu vida por algo que no vale la pena. Por alguien a quien le das exactamente igual. El aire entre nosotros se volvió gélido.
— Cierra la boca — dije con una calma peligrosa —. No te atrevas a decir eso nunca más. Te prohíbo que digas que Jimin no vale la pena. Si necesito arriesgar mi vida mil veces por él, lo haré. Soy un adulto y no voy a tolerar que cuestiones mis decisiones ni que sobrepases los límites.
— Estás cometiendo un error suicida... A él ni siquiera le importas.
— ¡Eso no es tu problema! —sentencié, señalándolo con el dedo —. No voy a tolerar que hables así de él. ¿Te quedó claro? Taehyun me miró con una mezcla de lástima y decepción.
— Haz lo que quieras entonces. No me meteré más. Pero recuerda: si vuelves a recibir otro impacto en ese lugar, será tu fin. No habrá tercera oportunidad.
Subió a su auto sin mirar atrás y arrancó a toda velocidad con Hoseok. Me quedé solo en el estacionamiento, sintiendo el peso de mis propias decisiones. Conducir a casa fue una tortura, cada bache era un recordatorio del disparo y de la patada de Jimin. Al llegar, el médico de la familia ya me esperaba. Retiró la bala con precisión profesional y suturó la herida. Luego, tras un chequeo algo vergonzoso en mi parte baja, me aseguró que todo funcionaba correctamente. Mis futuros hijos estaban a salvo, aunque mi dignidad todavía estaba algo magullada.
Taehyun no volvió a casa. Sabía que estaba herido, que su lealtad chocaba con mi obsesión. Pero él no veía lo que yo veía. No entendía que Jimin era excepcional, una joya bañada en sangre que valía cualquier sacrificio.
Me miré en el espejo del baño, tocando el vendaje blanco en mi pecho.
— Solo tengo que ser más cuidadoso — me susurré a mí mismo —. No volveré a bajar la guardia. Pero si el precio de tenerlo es mi propia vida... es un precio que estoy más que dispuesto a pagar.
Jimin era lo más valioso que me quedaba, mi Tigre, y yo no pensaba dejar de cazarlo hasta que sus garras estuvieran enterradas en mi espalda, pero por placer, no por odio.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
FanfictionEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
