— ¿Dónde estás, Jimin? — la voz de Vincenzo sonó nítida a través del auricular oculto, cargada de esa calma irritante que solo él poseía.
— Llego en unos minutos — respondí, manteniendo los ojos fijos en la carretera mientras el motor de mi auto ronroneaba bajo la noche de Seúl.
— De acuerdo. Estaremos en el segundo piso. La vista es mejor desde aquí; podemos ver quién entra, quién sale y quién tiene demasiadas ganas de apretar un gatillo.
— Perfecto. Los veo ahí.
Colgué. El peso de las armas de plata en mi espalda baja y las dagas en mis tobillos me recordaban que no iba a una fiesta, sino a un matadero de lujo.
Estacioné frente a la imponente mansión de Tony Montana, una fortaleza de mármol y acero custodiada por hombres que disparaban primero y preguntaban después. Antes de bajar, me coloqué el micrófono diminuto en el oído, asegurándome de que la comunicación fuera constante. Estar solo allí dentro sin respaldo era como entrar a una fosa de leones con un traje de carne.
Caminé hacia la entrada principal con una parsimonia estudiada. Mis manos caían relajadas a los costados, ocultando la tensión de mis músculos. En la puerta, un hombre de piel trigueña y musculatura de gimnasio me bloqueó el paso. Medía casi un metro noventa y sostenía una tablet con la frialdad de un verdugo.
— Buenas noches — dijo, su voz era un barítono profundo —. Nombre, apellido y palabra de seguridad, por favor.
—Joo Jiwo — respondí con una voz carente de emociones —. "Leticia en el Limbo".
El hombre revisó la lista, sus ojos escaneándome de arriba abajo. Tras un segundo que pareció una eternidad, asintió.
— Bienvenido, señor Jiwo. Adelante, disfrute de la velada.
— Gracias.
Entré al salón principal y el lujo me golpeó como una bofetada. El aire olía a una mezcla costosa de tabaco de pipa, perfumes franceses y el sutil aroma metálico del armamento oculto. Había grupos de hombres firmando acuerdos sobre mesas de cristal y mujeres con vestidos de seda que ocultaban más secretos que piel.
Reconocí varias caras de la Interpol: criminales que valían millones.
Tomé una copa de champán de una bandeja de plata y subí al segundo piso, escudriñando cada rincón. No había señales de mis socios. Encendí el micrófono con un toque imperceptible.
— ¿Dónde demonios están? Estoy en el segundo piso ahora.
— Abajo, Jimin — respondió la voz de Yongui —. Al final del pasillo a la izquierda, en el jardín. Estamos tomando el fresco.
Bajé de nuevo y crucé el ventanal hacia el jardín trasero. Allí estaban, sentados en la barra de la piscina, bebiendo como si estuviéramos en un bar de copas y no en la boca del lobo.
— Buenas noches, caballeros — dije al acercarme —. La están pasando increíble, aparentemente.
— Buenas noches, guapo — Vincenzo alzó su copa —. Te ves más sexy hoy. Ese traje negro te hace parecer un ángel de la muerte.
— Idiotas — mascullé —. ¿Cuánto tiempo llevan aquí?
— Unos minutos. El Russo aún no llega.
— ¿Y cómo lo saben? Están aquí frescos como lechugas en lugar de vigilar la entrada.
— Tengo a alguien de absoluta confianza en la puerta — Vincenzo sonrió de lado.
— ¿Ah, sí? ¿Y quién es?
— Una de sus "amistades especiales" — intervino Yongui, rodando los ojos —. Ya sabes cómo es nuestro amigo italiano de... entusiasta.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
FanfictionEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
