Capitulo 23: Entre el deber y el Deseo

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— ¿Y qué pasa si me niego? — pregunté, forzando una firmeza que no sentía. Mi voz sonó pequeña en la inmensidad de esa habitación oscura.

— Es tu decisión, Tigre. No soy un dictador — respondió Jungkook, y por primera vez, el tono burlón desapareció, dejando paso a una sinceridad que dolía —. Te propongo que terminemos con esto juntos. Es lo que nuestros padres habrían esperado de nosotros. Si decides no aceptar, te dejaré marchar y respetaré tu distancia. Pero si aceptas... si cruzamos esa línea, vengaremos sus muertes y finalmente podremos dejar de mirar por encima del hombro. Finalmente, podremos vivir.

— No lo sé... — murmuré, sintiendo el peso de mi placa en el pecho —. No creo que sea lo correc...

— ¿Lo correcto? — me interrumpió él, dando un paso que redujo el espacio personal a nada —. ¿Es correcto que nos estemos cazando el uno al otro mientras el verdadero asesino sigue respirando? ¿No es por esto que te convertiste en lo que eres? ¿No es por esto que yo me convertí en este monstruo?

Tenía razón. Una parte de mí, la que aún guardaba los recuerdos de las tardes de juegos y las promesas de lealtad eterna, sabía que nuestros padres jamás habrían querido vernos así: con armas apuntándonos al rostro mientras el Russo celebraba su impunidad. La idea de unir fuerzas era, quizás, la única forma de honrar sus tumbas.

— Muy bien, Jungkook. Acepto. Trabajaremos juntos.

— Perfecto — una chispa de triunfo auténtico brilló en sus ojos —. Sabía que el tigre tomaría la decisión inteligente.

— Pero tengo condiciones — añadí, recuperando mi escudo de hielo —. Si vamos a ser aliados, no puedes llamar la atención. Tengo una reputación y un cargo que proteger; mi placa nos abrirá puertas que tus armas no pueden, pero para eso necesito que mantengas un perfil bajo. Te ordeno que dejes las limosinas, los séquitos y cualquier rastro de criminalidad evidente fuera de mi vista.

— Concedido.

— Y segundo... mantendremos lo laboral estrictamente separado de lo personal. Sabes de qué hablo. Lo que ocurrió en aquella fiesta... nunca pasó. Vamos a olvidarlo. Jungkook se detuvo en seco. Su expresión se volvió sombría.

— ¿Olvidar? ¿Me estás pidiendo que borre la única noche en la que finalmente me sentí vivo después de años?

— Sabes que es lo mejor, Jeon.

— No, no lo sé — dijo, y esta vez se sentó en el borde de la cama, invadiendo mi espacio hasta que su aliento rozó mi mejilla —. Porque si te refieres a que tuvimos sexo, podrías llamarlo así si quieres ser cínico. Pero yo no puedo olvidarlo. Estoy loco por ti, Jimin. No trates de pedirme que ignore lo que es evidente para ambos.

— ¡Eras mi mejor amigo! ¡Eras como mi hermano, Jungkook! — estallé, sintiendo que la garganta me ardía —. Si hubiera sabido que el hombre de esa fiesta era mi "Kookie", jamás me habría permitido perderme de esa manera.

— Pero no lo sabías, y eso fue el destino jugándonos a favor —sentenció, acercando su rostro al mio —. Si sucedió, fue para despertarnos. Estamos vivos, Jimin. Contra todo pronóstico, nos encontramos. No puedes pedirme que actúe como si nada hubiera pasado porque sabes que la piel tiene memoria.

— Fue un error. Eras mi mejor amigo y...

— ¡Deja de usar esa palabra! —exclamó, su voz vibrando con una intensidad que me hizo temblar —. Eso fue en nuestra niñez. Eso quedó en las cenizas de la casa de nuestros padres. Ahora las cosas han cambiado. Nosotros hemos cambiado.

— Para... por favor, esto no está bien... — intenté girar la cabeza, pero él estaba en todas partes.

— ¿Qué es lo que no está bien? ¿Que te desee con una intensidad que me asusta? ¿O que tú sientas lo mismo aunque intentes asfixiarlo con esa placa de metal? — me tomó del mentón, obligándome a mirarlo —. Cada vez que me acerco, escucho cómo tu corazón intenta romperte las costillas. Tu respiración se quiebra, tu piel se eriza... Tu cuerpo me reclama, Jimin. Podrás mentirle al mundo, pero no puedes mentirme a mí cuando tu cuerpo arde en cuanto te toco.

— No es cierto... — mentí, aunque el temblor de mis manos me delataba.

— Puedo escuchar tus latidos golpeando con furia — susurró en mi oído, dejando un beso letalmente suave en la curva de mi cuello. El escalofrío que me recorrió fue tan violento que tuve que cerrar los ojos—. No luches contra esto, tigre. Tu cuerpo no sabe mentir... déjame demostrarte que nos pertenecemos.

Mordió el lóbulo de mi oreja con una delicadeza tortuosa antes de unir su frente a la mía. Sus ojos, antes brillantes, ahora eran pozos oscuros de deseo y necesidad. Jungkook era, sin duda, la criatura más hermosa y peligrosa que había visto jamás. Su rostro, tallado con una perfección casi cruel, estaba a milímetros del mío.

— Basta... — supliqué, aunque mis dedos ya se enterraban en la tela de su camisa.

— Dímelo ahora — dijo él, su voz cargada de una tensión eléctrica —. Dime que quieres que me aleje. Dime que me equivoco, que no sientes esta electricidad, y juro que me iré. Respetaré tu maldita frontera laboral y no volveré a tocarte. Solo dímelo, Jimin. Dime que no me quieres aquí.

El silencio se estiró entre nosotros, denso y cargado de verdades no dichas. No podía pedírselo. No podía echar al único hombre que me hacía sentir que no estaba solo en este infierno. Siempre había sentido esa atracción magnética por él, y ahora comprendía que el chico de mirada profunda que me cautivó en la fiesta no era un extraño, sino el alma que mi instinto siempre había reconocido.

Jungkook, al no recibir respuesta y ver mi mirada perdida, soltó un suspiro pesado y comenzó a levantarse de la cama, interpretando mi silencio como un rechazo definitivo.

Antes de que pudiera dar un solo paso hacia la puerta, mi mano se movió más rápido que mi razón. Le sujeté la muñeca con fuerza, deteniendo su huida. Levanté el rostro, dejando que mis ojos, empañados por la vulnerabilidad, se encontraran con los suyos.

— No te vayas... — susurré, con el corazón en un hilo —. Por favor.

𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora