Llegamos a la mansión con el sabor amargo del fracaso en la lengua. Nos deshicimos de las armas y el equipo táctico, lanzándolos sobre la mesa con un estruendo que resonó en el silencio de la sala. Yongui, que apenas podía mantener los ojos abiertos por el cansancio y el dolor, no perdió el tiempo.
— Una botella del mejor vino que guarde Jimin. Ahora — le ordenó a la servidumbre.
— ¿Se puede saber qué demonios celebran? — pregunté, dejándome caer en el sofá frente a ellos.
— Deberías haber visto cómo quedaron los perros falderos de tu "prometido" — soltó Yongui con una sonrisa de suficiencia.
— ¿Mi qué? — solté, entornando los ojos.
— Jeon. Tu hombre.
— Vuelve a llamarlo así y te juro que lo siguiente que beberás será tu propia sangre, Min — respondí, sin pizca de broma en la voz.
— Como digas, fiera. Admito que el Russo se nos escapó de entre los dedos, pero al menos le reventamos la cara a Taehyun y al policía novato que Jeon usa de guardaespaldas.
— ¡Felicidades! Un gran logro —ironicé, señalando el ojo morado de Yongui y el labio partido de Vincenzo—. Veo que ellos también les dejaron algunos recuerdos.
— Ellos terminaron peor, te lo aseguro — gruñó Vincenzo, limpiándose un hilo de sangre con el pulgar.
— Me voy a la cama. Estoy agotado y no soporto ver sus caras ni un segundo más. Y Yongui... si vas a quedarte, intenta no incendiar nada, ¿quieres?
Me encerré en mi habitación. Necesitaba que el agua caliente borrara la sensación de las manos de Jungkook sobre mí. El plan había sido un desastre absoluto, y todo por culpa de ese imbécil obsesivo. ¿Qué pecado estoy pagando para que ese hombre sea mi sombra?
Las semanas pasaron en una calma tensa. La rutina de la agencia casi me hizo olvidar el caos, de no ser por los autos negros que aparecían en mi punto ciego cada vez que salía del trabajo.
Me encontraba almorzando con Yongui cuando mi celular vibró. Un número desconocido. Atendí por inercia profesional.
— Buenas tardes. ¿Con quién hablo?
— Que placer me da escucharte de nuevo... — Esa risita. Ese tono aterciopelado que me ponía los pelos de punta.
— ¿Quién es? — pregunté, aunque ya lo sabía.
— El amor de tu vida, tigre.
Colgué de inmediato. Mi paciencia tenía un límite y él lo estaba saltando con pértiga. El teléfono volvió a sonar, una, dos, tres veces. Lo ignoré hasta que el móvil de Yongui comenzó a sonar. Él atendió, escuchó en silencio y me lo pasó con una expresión de "estás en problemas".
— Es para ti.
— ¿Para mí? ¿Por qué tiene tu número?
— Ese tipo tiene recursos para todo, Jimin. Solo contesta.
— ¿Qué quieres, Jungkook? — escupí al auricular.
— ¡Mi vida! No seas tan huraño. Atiende mis llamadas o tendré que ponerme creativo. Hablemos, ¿si?
— Púdrete en el infierno.
Corté la comunicación y devolví el teléfono. Al salir de la cafetería, la realidad me golpeó en la cara: tres camionetas blindadas y una limusina negra bloqueaban la calle. De ella bajó Jungkook, impecable, flanqueado por Taehyun.
— Qué radiante luces hoy, Tigre. El uniforme de agente te queda... peligrosamente bien.
— ¿Qué haces aquí? Fui muy claro en la mansión de Tony. No te quiero cerca.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
FanfictionEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
