Neteyam
—Eres pésimo.
—Cállate Kiri.
Lo'ak y Kiri venían discutiendo desde hace unos minutos, caminábamos en el bosque en dirección hacia la aldea, teníamos que llegar antes de que el eclipse iniciara y Kiri no dejaba de molestar a Lo'ak por haber fallado un tiro.
—Podrían dejar de pelear.— Les ordene, deteniéndolos.
—Rápido, tenemos que llegar antes del eclipse.— Dijo Tuk mientras seguía caminando y se metía dentro de unas plantas.
—Tuk espera.— Kiri se dirigió hacia Tuk y Lo'ak fue detrás de ella, quedando los tres entre unas plantas.
Suspiré y agradecí ese segundo de silencio antes de entrar entre las plantas. Al atravesar las plantas los encontré agachados, quietos y en total silencio.
—¿Qué sucede?— Pregunté confundido.
—Está dormida, no hagas ruido.— Susurro Tuk.
Levante la mirada y a lo lejos vi a la pesada Na'vi durmiendo. Volteé los ojos y me cruce de brazos esperando que se levantaran para irnos.
—Deberíamos levantarla, va iniciar el eclipse.
—Shh Kiri, para de hablar.
—Para tú de hablar.— Ambos voltearon los ojos y los fijaron en la chica que estaba durmiendo.
—¿No pueden durar ni un segundo sin pelearse? Solo vámonos.
—Eh, se levanto— Informó Tuk.
Todos volteamos en dirección a la chica, la cual se estaba poniendo de pie mientras nos miraba confundida.
—¿Qué rayos está pasando aquí?— Preguntó confundida y con toda la razón, levantarte y ver como varias personas te estaban observando es algo confuso y raro.
—Te encontramos dormida.— Le explico Tuk.
—Iba a despertarte, pero acabas de hacerlo.— Agregó Kiri.
—Lamento interrumpir su conversación, pero tenemos que irnos.— Les indique a mis hermanos mientras miraba con rechazo a la chica, la cual me respondió con una mueca. —¿Cuál es tú problema?—Le pregunté sin darme cuenta que me había acercado a donde ella estaba, dejando a mis hermanos unos metros detrás de mí.
—¿Cuál es el tuyo?— Contra-atacó la chica y antes de responderle Kiri hablo.
—Chicos...— Ambos volteamos hacia donde Kiri.
—¿Qué?
—Atrás de ustedes...
Volteamos hacia atrás y vimos como un Thanator preparado para atacar nos observaba.
—Mierda...— Susurro la chica completamente inmovilizada.
Sin hacer un brusco movimiento volteé la cabeza nuevamente hacia mis hermanos.— Kiri, Lo'ak, saquen a Tuk de aquí.— Les ordené.—¡Ya!
Me hicieron caso y se marcharon, dejé que pasaran unos segundos para que estuvieran lo más alejados posible de ahí.
—¿Y ahora qué? ¿Bailamos con él?
Antes de responder el Thanator rugió y empezó a correr hacia nosotros. —¡Corre!— Le grité a la chica mientras la tomaba del brazo para iniciar a correr.
—¡¿Serás idiota?!— Me gritó iniciando a correr más rápido y soltando mi agarre.
Pasaron los 30 minutos más largos de mi vida, habíamos perdido el Thanator y nos encontrábamos en una cueva "refugiados" había iniciado el eclipse y al haber corrido por cualquier dirección no recordaba cómo volver a casa. Ambos estábamos heridos y cansados, lo mejor sería esperar ahí hasta el día siguiente.
—Habrá que esperar a que amanezca, no sé dónde estamos y prefiero no arriesgarme.— Dije mirando hacia afuera.
—Lo que me faltaba.— Dijo la chica con un quejido, me volteé y la vi sentada mirando su pierna con una rama clavada en ella.
Vi como estaba por sacarse la rama y la detuve.—No la saques, se puede infectar.
—¿Y que hago? ¿Me quedo con una rama clavada en mi pierna? No.
—Si la sacas se puede infectar.— Me acerque a ella y desamarré una de las telas en mi brazo.— Ataré esto para detener el sangrado, mañana te llevaré con mi abuela y te curará.
Me arrodillé y con cuidado empecé a atar la tela alrededor de la rama y su pierna. Mientras terminaba el último nudo noté como la chica evitaba hacer alguna mueca de dolor.
—Listo. Te empezará a doler mucho más cuando la adrenalina se te baje por completo.— Observe su herida y suspiré.— Vaya que está mal.
—¿Y tú te has visto? Tienes hasta en la espalda rasguños. — Soltó volteando los ojos.
—Por Eywa que jamás había conocido a alguien tan insoportable como tú.—Me levante dándole la espalda.
—¿Disculpa? Ni siquiera me conoces, te apuesto que no sabes ni mi nombre.— Me quede callado, tenía razón no conocía ni su nombre y la llamaba insoportable. Me volteé y la observé en silencio, dándole la razón de que no sabía su nombre. —Es Nalani.
