Tras la muerte de Nalani pasaron varias cosas, cuando mis padres y Lo'ak fueron a buscar a mis hermanas en el barco mataron a la mayoría de los avatares, incluyendo a su líder Quaritch. Con la muerte de Quaritch las personas del cielo buscaron la guerra, atacando los bosques, arrecifes, etc. Debido a eso el pueblo Na'vi no se quedó callado, nuevamente los clanes se reunieron, esta vez los Del Mar incluidos y se inició una guerra contra las personas del cielo, guerra que ganamos expulsando a cada humano (excepto los de nuestro lado) a la tierra y, los avatares que quedaron vivos fueron asesinados por diferentes Na'vis, los principales mis padres.
Las cosas habían cambiado desde ese entonces, los clanes del agua se volvieron más cercanos a los clanes del bosque, específicamente el clan Omaticaya y el Metkayina, aunque con toda la razón, Lo'ak se había quedado en el Clan Metkayina y formó una relación formal con Tsireya, hace dos años se habían casado y Tsireya ahora estaba embarazada.
Mi familia se dispersó un poco, mis padres y yo nos quedamos a vivir al bosque, Lo'ak al arrecife y Kiri y Tuk, bueno, no pudieron elegir entre ninguno así que dividían su tiempo. Mis padres y yo visitábamos el arrecife tanto como podíamos y ellos venían igual acá.
Cuando dije que las cosas habían cambiado también me refería a las personas. Lo'ak había crecido y madurado, dejaba de meterse en problemas y con un hijo en camino había empezado a entender el miedo de perdernos de mi padre. Kiri se convirtió en un espíritu libre con una profunda conexión a Eywa, mi madre renunció a su cargo de Tsahìk y se lo heredó a Kiri cuando ella se sintiera preparada. La pequeña Tuk, que ya no era tan pequeña, había cumplido dieciocho años convirtiéndose en una guerrera poderosa y temible, pero aún conservando su alma pura y alegre.
Y yo... ¿qué les puedo decir? En la guerra contra las personas del cielo perdimos a muchos, incluyendo al Olo'eyktan que había estado después de que nos marcháramos al arrecife, debido a eso el cargo volvió a mi. Mi padre lideró nuevamente por unos años hasta que a los veinte me sentí preparado para tomar mi cargo. Así es, lleno seis años siendo Olo'eyktan.
Nunca volví a juntarme amorosamente con alguien, no después de Nalani, su muerta había dejado una herida tan profunda en el centro de mi alma que todavía no había cicatrizado.
Cuando las personas del cielo se fueron los científicos leales a los Na'vi siguieron con nosotros, se apoderaron de la base de la RDA programando sus armas, vehículos y disminuyendo el daño que le habían hecho a nuestros biomas. Si las personas del cielo volvían teníamos su base completa llena de armas y no durarían mucho de visita.
¿Qué más puedo decir? Todo estaba bien, estaba de maravilla...
Había estado muy ocupado con problemas del clan que no iba a poder visita el arrecife junto con mis padres, quienes en este momento se estaban montando en sus ikranes. Kiri y Tuk tenían un mes allá por lo que me quedaría solo junto con mi abuela.
—¿Seguro que estarás bien?
—Lo estaré. Ya soy un adulto, ma, ¿recuerdas?
—Siempre serás mi bebé.— Asintió, pellizcándome un cachete. Aparte si mano volteando los ojos.
Después de la muerte de Nalani había cambiado más de lo que m gustaría, el contacto físico me molestaba, incluso lo odiaba, había dejado de ser sociable y solo empezaba una conversación si era algún problema del clan que tuviera que solucionar, durante dos años había dejado de comer seguido y casi no salía de casa, dejé de ocuparme de los problemas que causaban mis hermanos y me daba igual todo; no me reconocía ni a mi mismo.
—Cualquier cosa nos llamas.— Mi padre habló, haciendo un ademán para poner su mano en mi hombro, se detuvo en seco cuando di un paso hacia atrás y bajo la mano entendiéndome.
—Ustedes igual. Me saludan a mis hermanos, a Tsireya y los demás en el clan Metkayina.
Ambos asintieron y partieron su vuelo. Los vi alejarse unos segundos y cuando ya no pude verlos baje la cabeza y di la vuelta en dirección a la casa de la madre de Nalani, había comenzado a visitarla cuando pude "estabilizarme" emocionalmente. Ella y mi madre eran las personas que conocía que más habían sufrido en su vida. Perdió a su esposo y luego a su hija. Estaban tan destrozada que llegó al punto de ser demasiado, pero demasiado sobre protectora con Zoé'lyn, pero después de años, cuando Zoé creció aprendió a calmar su ansiedad y miedo.
—Hola.
Entre al Mauri, viendo como cansada la mujer llevaba unos cestos algo pesados de un lado a otro. Me apresuré a ayudarla, tomando el cesto que ella cargaba.
—¡Oh! No lo escuché entrar. Oel Ngati Kameie Olo'eyktan.
—Oel Ngati Kameie. Sabe que no tiene que tratarme de usted, puede decirme Neteyam.
—Le tengo respeto, eso es todo.— Asintió ella con una sonrisa apagada.
—¿Necesita ayuda en algo?— Pregunté dejando el cesto en la esquina donde estaban los otros.
—No, solo estaba moviendo una que otra cosa mientras Zoé volvía de caza y por lo distraída que estaba se me olvidó pedirle que trajera frutas de camino, se nos acabaron.
—Puedo traerle un cesto.— Asentí.
—No es necesario, señor. Ya luego las buscaré yo.
—Por favor, insisto en buscarlas y no tiene que decirme señor, aún no estoy viejo.
Ella sonrió dulcemente y me pasó un cesto vacío.
—Muchas gracias, joven Neteyam.
—Suena mejor.— Dije, antes de salir del Mauri.
Me dirigí al bosque donde habían los mejores frutos que conocía. Me subí a uno de los árboles menos altos y tome de ahí unas frutas moradas con hojas azules al final, tomé unas cuantas y baje del árbol, dirigiéndome a otro. Cuando estaba a punto de subirme a otro árbol con frutas marrones y verdes escuché un ruido.
No había llevado mi arco ni flechas así que inmediatamente saqué mi navaja, dándome la vuelta buscando la causa de ese sonido. Me encogí de hombros cuando no vi ni escuché nada, seguro fue algún animalito y yo de paranoico, aunque sentí una presencia, como si alguien me observara. No le di importancia y me volteé hacía el árbol, empezando a subirme por una rama.
—¿Neteyam?— Atrás mío una voz habló, una voz que hace años no escuchaba, solo en mis pensamientos.
Me detuve en seco con mi corazón latiendo a mil, me solté de la rama y volteé. Inmediatamente al ver quien tenía en frente mis manos temblaron haciendo caer el balde de frutas que tenía agarrado.
¿Estaba soñando? Sí definitivamente tenía que estar soñando. No podía ser real.
***
En conclusión, Neteyam ahora tiene 26 años y luce algo así según esta historia:
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Nota: Dibujo no mío, la saque de Pinterest, obvio.
El punto es que se ve triste todo el tiempo y sí, el abrigo marrón que lleva puesto vendría siendo el regalo que le dio Nalani por su cumpleaños en esta historia.