Cap 4

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Neteyam

—¿Nadie nunca te dijo qué haces los peores chistes?—Le solté, sin ninguna gracia o broma.

—Es imposible hablar contigo.— Dijo enfadada mientras se levantaba.

—Eh, lo siento. No debí hablarte así...

Ella solo suspiró y me miro, parecía cansada, más bien harta. Antes de poder agregar otra cosa ella habló.—Lamento haber llamado a tu hermano raro de cinco dedos, pero tenía siente, supéralo.—Abrí la boca para decir algo pero ya se estaba yendo cojeando.

Durante la noche no pude evitar no pensar en sus palabras, tenía razón, ya era hora de que superara eso y dejara de comportarme como un idiota sólo con ella. Me prometí a mi mismo disculparme cuando tuviera la oportunidad.

Al día siguiente no tenía muchas cosas que hacer, me habían castigado por dos semanas solo por no haber llevado mi comunicador el día que me siguió el thanator, quiero decir, ¿Cómo iba a saber yo que eso pasaría?

Todos estaban afuera, incluso Tuk, estaban haciendo diferentes actividades y yo aquí, vagando por la casa. Mientras caminaba de un lado a otro vi la foto de mi madre junto a mi tía, tía que jamás conocí, murió mucho antes de que yo naciera pero mi madre siempre me dice que el recuerdo a ella. Por alguna razón me dio nostalgia ver está foto y al no tener nada que hacer me dirigí hacia la antigua escuela de Grace, la madre biológica de Kiri. Dónde mi tía había muerto.

La escuela estaba alejada de la aldea, pero no lo suficiente para poder meterme en problemas, aquí no corría ningún riesgo y esta vez me aseguré de llevar mi comunicador.

Al llegar vi a alguien dentro, estaba de espaldas y al ver la herida en su pierna supe quien era.

—Para no poder caminar bien llegaste un poco lejos.— Dije mientras entraba al lugar cruzándome de brazos.

Nalani se volteó sorprendida y asustada, luego se puso seria, me miró de abajo hacia arriba y volvió a darme la espalda.—¿Ahora él que espía eres tú?—Me reí por lo bajo.—Y si a ti una herida te limita no creas que a todos los demás también.

—¿Sigues enojada?— Pregunté amablemente, queriendo hacer las pases.

—¿Qué es lo que quieres, Neteyam?— Me soltó y me molestó, no había venido por ella, ni siquiera sabía que iba a estar aquí.

—No vine por ti, mi tía murió aquí.

Nalani se volteó sorprendida y sin saber muy bien que decir.— Neteyam yo... soy una idiota, lo siento.

—Está bien, no la conocí. Mi madre dice que le recuerdo a ella... dice que tengo el mismo espíritu de hermano mayor.—Empecé a caminar por el lugar, observando las mesas viejas y rotas, el techo lleno de polvo, varias plantas por el piso, las repisas vacías y rotas, me detuve en la pared donde estaban todos los hoyos de los disparos.

—¿Por qué me lo cuentas? No me soportas, ¿No es así?

—Oye yo...— Suspiré y la mire, pero ella me estaba dando ma espalda.—... fui un idiota, todo este tiempo, solo por algo que dijiste cuando éramos niños.

Baje la mirada, arrepentido, no me esperaba que me perdonase pero lo que menos me esperaba era escucharla reírse, subí la mirada y ella se volteó y me miró, aún riéndose.— Lo siento, es que aceptaste que eres un idiota.—Soltó entre risas.

Solté una leve risa, su risa era contagiosa.—Bueno, tú lo aceptaste primero.— Ambos sonreímos.

—Entonces... ¿Tregua?

—Tregua.— Asentí.

Nos sentamos en una esquina y empezamos a ver todos los libros viejos que encontramos y como ninguno de los dos entendía algo le empecé a contar las cosas que me decía mi padre de la tierra, lo bueno y lo malo, aunque a sinceridad casi todo era malo. Me sorprendía saber que mis abuelos paternos eran humanos, al igual que mi tío y mi padre, la historia de como mi padre llegó hasta aquí y conoció a mi madre me parece una locura, pero a Nalani le sorprendía y le fascinaba cada una de las cosas que le contaba.

—¿Y qué hay de ti?—Pregunté echándome para atrás.

—Pues no tengo mucho que contar, lo más interesante de mi vida es que me persiguió un Thanator y eso ya lo sabes.— Dijo riéndose levemente.

—¿Qué hay de tus padres? ¿Sabes como se conocieron?

Y entonces Nalani cambió su expresión y bajo la mirada, como si estuviera intentando disimular la tristeza que se había formado en sus ojos.—Mis padres se conocían de vista...— Hasta su tono de voz cambio, se notaba triste.—... pero en está escuela fue que hablaron por primera vez, conectaron como si se conocieran de toda la vida. Tiempo después mi padre invitó a salir a mi madre y cuando pasaron unos meses desde que las personas del cielo se marcharan, mi madre quedó embarazada de mi.— Se detuvo un momento y luego hizo una leve sonrisa. —El amor entre mis padres no podía ni explicarlo, sólo sé que cada vez que se veían sonreían...—Entonces los ojos de Nalani se aguaron.

—¿Estás bien?

—Sí, es que me empezó a doler la pierna.

—¿Volvemos a la aldea? Te ayudo a llegar a tu casa.

—Sí.—Asintió, se pasó la manos por los ojos y comenzó a ponerse de pie. Me levante y la ayude.

—¿Segura que estás bien?

Ella asintió. Durante el camino Nalani tenía la mirada baja, no decía ninguna palabra y solo asentía o negaba con la cabeza a lo que le decía, preferí dejar de hablar y mantener el silencio, lo raro es que no fue para nada incómodo, era como si ambos necesitáramos ese silencio. Nalani cojeaba, por lo que tardamos unos minutos más en llegar a la aldea, cuando llegamos la acompañe hasta su casa.

—Gracias.— Dijo con la mirada baja y antes de poderle responder una niña pequeña salió corriendo en dirección a Nalani.

—¡Nalani!—Gritó La Niña antes de abrazar a Nalani, entonces la expresión de Nalani cambio por completo, la tristeza que se reflejaba en su rostro desapareció y volvió la sonrisa que tenía hace rato.

Te voy amar hasta morir Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora