Capítulo 17

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AURORA
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Solo basta una chispa para iniciar el fuego
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Me limpie las manos y salí al jardín. En mitad de camino escuche unos ladridos, debían ser los perros de Calix los solía ver de lejos cuando el salía a correr.

Una vez le pregunte a Carlos por ellos y me dijo que me mantuviera alejada. Calix había criado a los doberman a su semejanza, es decir no le gustaba que nadie se les acercara solo él, nisiquiera sus hermanos. Solían estar alejados, en un jardín y casa construido para ellos y según Carlos la comida era todo un sistema, más de un hombre había perdido alguna extremidad por ellos.

—¿Que haces acá? —pregunto Calix a mitad del jardín, su traje negro hacia constraste con la nieve qué seguía cayendo.

La sonrisa llego a mis labios sin poder evitarlo y a pesar del frío algo cálido paso por mi cuerpo.

—Estaba practicando mi puntería— respondí.

Omití lo que había pasado con su hermano, de alguna manera sentía que era un momento que solo a los dos nos pertenecía.

—¿Y has dado en el blanco? —pregunto mientras se acercaba.

—Si —levante la vista y sus ojos se encontraron con los míos.

—Vamos a casa tenemos que hablar— tomo mi mano y me incitó a seguirlo.

—¿Calix?

—Si.

—¿Esos ladridos son de tus perros? —él detuvo sus pasos.

—Si, son Kaira y Lex. Tuve que cambiar al chico que les daba de comer y están algo infelices con mi decisión.

—¿Porque lo combiaste? —pregunte siguiendo sus pasos.

—Porque mordieron su mano cuando les daba de comer y incluso ellos debes aprender qué eso no es algo que yo tolero— explico.

—Los estas castigando supongo.

—De alguna manera— llegamos a la entrada de la casa él se giro para verme y yo hice lo mismo— No tolero la traición— su mano se metió en mi cabello y me acercó a su boca, sentía sus labios cerca de los míos, el calor de su boca era en todo lo que podía pensar.

—Aunque por ellos tengo debilidad, no soy capaz de negarles nada por mucho tiempo,— soltó el aire y yo me acerque aun más— tienen eso  en comun— paso su lengua por mi labio inferior y luego lo mordí, busque su labios porque necesitaba más, pero él solo se alejo.

—Pero...

Me quedé inmóvil un poco aturdida por su intensidad y lejanía.

Él me dedico una de sus sonrisas qué me dejaban sin aliento.

—Vamos a casa tenemos que hablar algunas cosas sobre esa fiesta.

Cuando llegamos al departamento el ambiente  cambio, sentía una tensión extraña en Calix. Me serví agua con limón y le serví un poco a él.

—Esta fiesta será diferente —empezó a decir dándome la espalda en la isla de la cocina— será una demostración de castigo, posiblemente lo más cruel qué has visto hasta ahora—  su giro dándome la cara soltó y suspiro apoyando sus brazos en la encimera.

VENDER MI ALMADonde viven las historias. Descúbrelo ahora