AURORA
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No solo quería prender la cerilla. Quería quemarlo todo
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Desperté sola en la cama, toque las sabadas y estaban aun calientes. Calix no tenía mucho tiempo de haberse levantado.
Con una de sus camisas me levante, descalza y camine casi en puntillas hasta la cocina.
Lo escuche preparar algo y asomé mi cuerpo, solo para mirarlo un momento. Tenía un pantalón de deporte corto, sin camisa. Su espalda tatuada estaba frente a mi, mi mejilla estaba contra la esquina de la pared y me quede mirándolo sin poder evitarlo.
Miré con detenimiento su cuerpo alto y musculoso, como se flexionaban sus músculos, la manera tan natural de moverse. Mordí mi labio, era una adicta a este hombre pensé, era una adicta a aferrarme a su cabello mientras me hacía gemir de placer, adicta a sus manos acariciando mi espalda tan lentamente qué me costaba permanecer con los ojos abierto, adicta a su manera de mirarme como si fuera todo lo que existía en el mundo.
Me acerque sin poder estar lejos de él más tiempo, lo abrace por la espalda besándola.
-Buenos días- saludo acariciando las manos qué lo rodeaban.
-Buenos días- mumurre sin querer separarme de su cuerpo.
-¿Quieres café?
-Si -afirme suspirando.
Olía a almizcle, crema de afeitar y perfume.
-Te has bañado sin mi -gruñí molesta.
Su espalda tembló por su risa- lo siento pero duermes como un koala, me bañe, desayune, volví a acostarme un rato contigo y seguías durmiendo.
Me quise apartar pero me tomo del brazo cargandome encima de la mesa de la cocina.
-Lo siento.
-No te disculpes, contigo -dijo metiendo su cara en mi cuello- ha sido la única persona con la que puedo descansar, estando a tu lado puedo dormí en esta casa.
Habíamos regresado a la mansión, aunque no del todo. La casa era muy grande y en una parte había una casa alejada, con dos habitaciones, dos baños, una cocina y el jardín, qué era el camino a la mansión más grande.
Calix estuvo de acuerdo en regresar mientras tuviéramos nuestro espacio, dijo que la idea de que alguien, incluso sus hermanos me vieran estar en la cocina o pasillo con su camisa y sin ropa interior le perturbaba demasido para estar tranquilo.
Por ese lado tenía razón, yo tampoco quería perder este tipo de intimidad, aunque me gustará estar cerca de todos. Mis entrenamientos seguian y podía ver y hablar con Kann y Carlos siempre que quisiera.
Sus manos me acariciaron los muslos, subiendo hasta mis senos. Se me erizó el cuerpo. Sentía sus besos en el cuello.
Gemí un poquito.
-Eres insaciable solnyshka.
-¿Es una queja? -pregunte curiosa.
-No nena -me dio un par de besos más y me atrajo a él abrazándome.
-Tengo que salir- dijo pasándome un café- voy a reforzar la seguridad de la mansión, y la seguridad que nos acompañara hoy.
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VENDER MI ALMA
RomantizmDicen que el destino son la acumulaciones de nuestras decisiones, pero cuando creces como Aurora esa no es una realidad. Nunca había tomado una decisión significativa en su vida; desde su matrimonio forzado, hasta la "casa" o jaula donde pasaría en...
