11.

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Capítulo 11.

Marco.

La sensación de su saliva mezclada con la mía atacó mí boca haciendo que explotara en sensaciones líquidas cuando salivé de más, esa tibieza y suavidad de sus labios recorriendo los míos me retorcieron el cuerpo, tuve que guardar compostura en la silla mientras ajustaba mi pantalón, su lengua explorando mi boca, ¡Dios!

Tenía que poner atención. Esto era importante para poder atrapar al padrastro de la mujer que bailoteaba en mi cerebro dejando ese sentimiento de pesadez por lo mucho que la deseaba. Su humedad en mis dedos, sus gemiditos sobre mí boca. Mi lengua en su cuello sudado por el calor del verano. Esa mujer. Con sabor a chocolate y a ella.

La quería, quería enterrarme entre sus paredes con salvajismo, morderla, arañarla, comerme ese coño que se humedecía con rapidez, quería dominarla de la manera más sucia y recompensarla por ser una buena chica después.

¿Esposarla en la cama? Tal vez.

Mi espalda reaccionó al sentir ese recorrido picante de la excitación. Volví a moverme en la silla cuando me crucé de brazos para centrar mi atención en el pizarrón de la sala de juntas.

Agente Marco.

Joder, no sé desde cuándo comencé a deleitarme con sus palabras cada me llamaba así. Casi me convenció con ese ronroneo necesitado para no contestar la llamada. Casi me hizo fallar en lo único que me mantenía cuerdo para poder llevarla hasta arriba y follármela.

Su risa delicada fue reemplazada por las carcajadas descuidadas del hombre a mi lado.

¿Gustarte?

La pregunta que hizo que me desvelara por días mientras miraba hacia el techo, mi mejor amigo, ¿gustarme?

¿Nicholas pensaba que me gustaba?

¿Lo hacía?

Era guapo, el cielo lo sabía y el infierno se regocijaba por tener en la tierra a ese ser diabólico y narcisista. Un pecado andante, tentador y atrayente con esos tatuajes en la espalda y en gran parte de su cuerpo, esa sonrisa malévola acompañada con sus hoyuelos hacía que cualquiera se hincara frente a él si lo demandaba con el chasquido de sus dedos.

¿Lo mejor? Esas cejas pobladas y la espalda trabajada.

Nicholas sabía perfectamente lo que provocaba en la gente. Gozoso y seguro de si mismo andaba por la vida conquistando y haciendo lo que mejor hacía, trabajar.

El jefe siguió hablando y señalando coordenadas mientras Grace estaba en la línea. Lo cual me llevó de nuevo a los labios de su nieta, siguieron sintiéndose, suaves y ansiosos, siguieron comiéndome la boca en mi mente mientras los minutos avanzaban.

¿Gustarte?

Mi corazón dio un golpe fuerte en mi pecho cuando ya no fueron los labios de Charlotte los que imaginé sobre los míos. Las palmas de mis manos sudaron y tuve que ponerme de pie para salir de los pensamientos que me hicieron sentir dentro de una sauna, me dirigí a la mesa donde yacían los cafés y las aguas embotelladas.

Tomé un par de galletas aun con los latidos acelerados y bebí la frialdad de ese líquido con el cual traté de calmarme. Besar a Nicholas no estaba dentro de mis planes, perder la apuesta, tampoco.

Me recargué en la orilla de la mesa sin hacer ruido y por un momento, mis ojos escanearon ese cuerpo ensimismado en el plan que tenían para poder crear la emboscada, pues él era el mejor en cuanto a rastrear y disparar se trataba.

—Implementaremos el plan a finales de mes —la voz del jefe volvió a llenarme los oídos—, necesitaremos que Nicholas dirija la misión. Tal vez podamos atrapar a Gabriel sino sabe ya quién es el agente Payton.

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