Capítulo dos

503 37 3
                                        

Lillyana Tomasson

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Lillyana Tomasson


Voy a follármelo esta noche.

No a Zackarias.

<Aunque te encantaría...> Canturrea mi enemiga interior que llamo conciencia.

Me refiero a este muchacho, que he traído arrastrando a la cocina. Ya lo decidí.

Mi cabeza da vueltas y trato de enfocar mi visión aunque se me dificulta bastante. Cuando mi amiga me informó de la fiesta de bienvenida, me negué. Y después pensé que sería una gran oportunidad para ser jóven por una noche y evitar el recuerdo de una persona con ojos caramelo y sonrisa socarrona. Así que por esa razón, estoy en este lugar cargado de gente, alcohol, drogas y sexo.

Aunque me prometí a mi misma no hacerlo, tomé más de la cuenta hoy. No tenía planeado emborracharme, solo probar un trago que me prepararon en la barra instalada. Sin embargo, mis planes cambiaron cuando un torso firme chocó contra el mío e hizo que derramara el líquido sobre mi musculosa.

Era él. Lo estaba viendo después de una semana atormentarte. Y lo que más me cabrea de todo es que estaba hermoso. Con ese rostro anguloso, esa chaqueta que resaltaba el color de su mirada, ese perfume que inundó mis fosas nasales al instante. ¿Cómo rayos tiene ese poder sobre mi? Con solo tenerlo en frente, cualquier coherencia deja mi cuerpo y mi concentración se aboca completamente a su boca.

Por suerte, pude controlarme. Fue un pinchazo en mi pecho el que me hizo recordar que no debía dejarme enredar otra vez, por más de que quisiera entregarme a la tentación. Me costó negarme a su chaqueta, deseaba ponerla sobre mis hombros, tener algo suyo y aspirar profundo su aroma embriagador. Pero junté fuerzas y logré alejarlo. Aunque fuera temporalmente.

En el afán por distraerme, no me percaté de cuantas copas tomé. Solo sé que cada trago ácido me hacía dejar de pensar en él por ese segundo en el que el líquido pasaba por mi garganta. Afortunadamente estoy menos ebria que la noche en la que cometí el error de meterme con el mejor amigo de mi hermano así que no voy a subirme a la barra de la cocina y a quitarme la ropa esta vez. Eso es algo bueno. De todas formas, mis párpados se sienten pesados y demuestro mis emociones más fácilmente en este estado.

–¿Quieres algo de tomar? –Inquiere Malcom, a mi lado, cuando me giro y apoyo el trasero sobre la mesada. Es atractivo, no voy a negarlo. Tiene pómulos pronunciados y cabello castaño claro. Entonces, finjo una sonrisa y asiento reiteradas veces.

–¡Claro!

Lo veo moverse entre la gente que está en el mismo espacio que nosotros y abre la heladera como si estuviera en su propia casa. De allí dentro, saca una botella de... ¿Cerveza? Me cuesta distinguirla porque perdí el poder de enfoque.

–Aquí tienes, belleza. –Coquetea, apoyando uno de sus codos sobre el mármol y contemplando mi perfil. La tomo agradecida–. Así que... ¿Eres de primer año?

Bésame, quiéremeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora