Capítulo siete

533 32 7
                                        

Lillyana Tomasson

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Lillyana Tomasson

El juego de apertura de temporada es importante para los fanáticos y pasionales por el fútbol americano en la universidad. Y para aquellos que nos les fascina el deporte pero... si los deportistas. Todos los estudiantes asisten. Ninguno quiere perdérselo pues cada juego luego está en boca de todos durante toda la semana posterior. Lo sé porque, aunque soy nueva, me tocó escuchar los comentarios sobre los juegos pasados y el entusiasmo por el de este año.

En esta ocasión, la rivalidad es con el equipo de otra universidad, el cual según los rumores, se encuentra en buena posición. Jugarán de visitantes en nuestro estadio.

—Ven aquí. —Pide mi amiga, con el envase cilíndrico en una de sus manos y el dedo indice pintado de color azul en la otra. Niego reiteradas veces.

—No hace falta que me ponga pintura.

—Tu hermano es integrante del equipo lo que significa que, como buena hermana que eres, debes ser la fan número uno para alentarlo en el partido. —Fundamenta.

—Puedo alentarlo sin parecer un indio.

—Lilly, trae tu trasero aquí. —Se pone firme. Como me quedo en mi lugar, da un paso hacia mi y yo lo retrocedo. Sus ojos me desafían, los míos la desafían a ella. Y entonces, cuando arranca su carrera para atraparme, yo tengo que obligar a mis piernas a huir.

—¡Me veré ridícula! —Grito, casi como un lloriqueo.

Espero que no estemos pisando demasiado fuerte como para que se oiga el escándalo en los pisos inferiores.

—¡Es el espíritu del juego!

Salto sobre su cama que hacía de obstáculo para mi camino, bajo de allí pero cuando miro hacia atrás me percato de que hace lo mismo y que aún me está persiguiendo, entonces vuelvo a trepar pero esta vez a mi colchón. Me giro sobre mis talones y la miro desde mi altura, apuntándola con mi dedo índice de forma amenazante.

—Atrás. —Advierto.

Esboza una sonrisa, señal de que no voy a detenerla. Al percatarme de eso, abro mis ojos e intento volver a correr pero es más rápida y se abalanza sobre mí para atraparme con sus brazos. En menos de un segundo, ambas rodamos hacia atrás, mi espalda choca contra la alfombra decorativa y suelto un chillido ante el impacto. Agradezco no haber golpeado mi nuca, ya me veía a mi misma volviendo al hospital por segunda vez en una semana. Mi mejor amiga se reincorpora, y cuando el desconcierto desaparece noto que está sentada a horcajadas sobre mi y que no tengo escapatoria.

—Si no te quedas quieta y me dejas trabajar con tu carita, parecerás un pitufo.- Informa, alzando sus cejas, ante mi forcejeo. Suelto un bufido y dejo de patalear. Sonríe con mayor amplitud por mi bandera blanca de rendición y comienza a hacer lo suyo sobre mi piel.

Su dedo índice traza una línea debajo de mi ojera. Luego, lo hace del otro lado. Me mira satisfecha y mueve una de sus piernas para dejar de encerrarme y sentarse a mi lado. Me pongo de pie y lo primero que hago es chequear mi aspecto. En el reflejo del espejo, localizo las dos líneas horizontales azules que decoran mi rostro. No está mal, hice demasiado berrinche por nada. La miro por sobre mi hombro, con mis ojos achicados.

Bésame, quiéremeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora