Capítulo diecinueve

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Dos semanas más tarde, puedo decir que Zack se tomó en serio la parte de ganarse mi confianza y dejar de arruinar las cosas entre nosotros. Su humor no ha cambiado, sigue igual de burlón, juguetón y travieso. Que tratara de no comportarse como idiota no significa que perdiera su escencia.

Tampoco es que quisiera que la pierda. Descubrí que, de las cosas que más me gustan de él, sus ocurrencias son las que me mueven, las que me mantienen constantemente viva y hacen que el tiempo con él vuele porque lo disfruto. Desde siempre fue así, solo que no quería admitirlo.

Infaltables sus comentarios pervertidos, sus cejas alzadas y su sonrisa de lado con coquetería. Me hace querer quitarme la ropa y lanzarme a él pero me propuse hacerlo sufrir un poquito más de la cuenta. Por esa razón, no hemos tenido sexo aún. Y debo decir que no es el único que sufre. Creanme, estar en abstinencia con este hombre dispuesto a tomarte cuando se lo pidas es un completa tortura. Podría simplemente pronunciar unas simples palabras y él ya estaría haciendo lo que le pidiera sin ningún impedimento.

Me ofreció quedarme en su departamento y me prometió que no haríamos nada que no quisiera, que podíamos solo dormir. Me dijo que me compró un pijama y me pareció difícil de creer hasta que agachó la cabeza avergonzado. Habría amado quedarme con él, sin embargo, sé que no seré capaz de controlarme si acepto.

Mientras lo veo sostener el balde de palomitas de maíz, muerdo mi labio. Sus brazos envuelven este y me gustaría estar en el lugar del objeto ahora mismo. Mete un puñado a su boca, está comiendo las sobras pues comimos casi todo durante la película romántica que lo obligué a ver.

–¿Qué te pareció la película– Inquiero, sabiendo que no está de acuerdo.

Hace un mohín con su boca.

–¿Qué clase de final fue ese? –Se indigna– ¿Cómo pueden matar al personaje después de todo lo que les costó poder estar juntos?

Caminamos por el centro comercial, totalmente en nuestro mundo.

–Pero lo lindo del final es que él pudo hacer algo bueno por ella. –Puntúo–. Sigue cuidándola incluso aunque esté muerto. Prácticamente salvó a su hijo.

–Patrañas. –Mastica sin ganas.

–A veces la tragedia se transforma en algo bueno.

–Como cuando se murieron todos tus peces y tu madre nos dio golosinas durante todo ese día para levantarnos el ánimo.

–Levantarme el ánimo querrás decir. ¡Yo era la única afectada por la muerte de mis peces! Peter y tú solo aprovecharon la situación.

Reclamo, Zack me mira con diversión.

–No puedes negar que mi actuación de aflicción es excelente. –Cambia su expresión, finge tristeza. Niego con la cabeza.

–Eres mal actor.

Bésame, quiéremeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora