Capítulo diecisiete

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Oigo algunos cotilleos del público femenino pero no puedo concentrarme en lo que dicen porque estoy muy embobada observándolo de pies a cabeza. Lleva unos vaqueros claros y una camiseta gris oscura que se pega a su torso.

¡Madre de los chicos calientes!, ¿Por qué me torturas?

Buen día profesor. Disculpe la interrupción. —Comienza, amablemente. El hombre baja la mano y pone el capuchón al fibrón indeleble. Se gira un poco sobre los talones para tenerlo de frente.

—¿Quién es usted? ¿Un alumno que ha llegado tarde? Puede tomar asiento y escuchar el resto de la clase, no voy a regañarlo por eso.

—No, no soy su alumno. —Niega con una sonrisa compradora—. Soy el asistente del rector.

Casi me atraganto con mi propia saliva cuando lo oigo decir eso si no fuera porque, al hacer un ademán de toser, Jonas me da suaves golpecitos en la espalda y lo evita. Algunos dirigen su vista a mi pero el rubio —Que no quiero admitir que me interesa— todavía no me ha mirado.

—¿Estás bien?

—Si, gracias. —Fuerzo una sonrisa a mi compañero y vuelvo la atención a la escena confusa.

¿Por qué está mintiendo? ¿Qué demonios...?

—Oh. —Mi profesor lo mira escéptico—. No sabía que habían cambiado de...

—Si, soy nuevo.

Obviamente la mayoría de mis compañeros de clase, por no decir todos, saben quien es realmente debido al fútbol americano. Pero el profesor parece no estar interiorizado con los deportes de esta institución. Tampoco parece alguien que esté interesado en los deportes en general.

—¿Qué precisa?

Y por primera vez en una ardua semana, pone sus ojos sobre mí. Por primera vez en días siento como todo dentro mio se activa por esas dos esferas de color peculiar. Es algo dramático pero debo admitir que siento la vida volver a mi cuerpo.

—Necesito llevarme a una alumna, si eso no le molesta. El rector tiene que hablar con ella.

—Si, no hay problema. —Se da vuelta hacia la clase para mirar entre los alumnos que permanecemos sentados— ¿A quién?

—Lillyana Tomasson. —Pronuncia mi nombre completo—. Necesito que vengas conmigo.

Frunzo el ceño. Su mirada es insistente, su sonrisa es todo lo contrario. Es serena, profesional e incluso parece sacada de un estupido comercial. Quiero preguntarle que rayos hace sacándome de una clase y mintiendo así a mi profesor pero me limito a negar con la cabeza.

No puedo salir para hacer cualquier otra cosa que no sea entender los temas que entrarán en el exámen. No puedo darme el lujo de perderme esta clase y... tampoco quiero ceder con tanta facilidad. ¿Quien se cree? Haciéndose pasar por ayudante del rector para hablar conmigo. Es un arriesgado, un loco.

Bésame, quiéremeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora