Segundo libro de "Bésame, ódiame".
"La universidad...
Nueva etapa.
Nuevas personas por conocer.
Nueva oportunidad para sacármelo de la cabeza...
O eso creía.
Como siempre, él iba a arruinar mis planes. Su sonrisa blanca, sus ojos traviesos y su per...
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Lillyana Tomasson
–Aún sigo sin creer la mala suerte que tienes. –Mi amiga, después de mi, se adentra al dormi que compartimos y niega con su cabeza.
Dejo caer mi cuerpo sobre el colchón de la que es mi cama, la cual está contra la ventana que tiene vista al campus. Me costó obtenerla, tuvimos que tirar una moneda al aire con Camille para definir quién se la quedaría.
Suelto las muletas y estas caen a mis costados apoyadas en el colchón.
–Dímelo a mi...
–Es que, en serio, apenas llevas un día y ya te han pasado más cosas de las que te sucedían en casa en toda una semana. –Dice desde el baño. Por suerte, tenemos uno incluido y no necesitamos bajar para utilizar el comunitario del edificio.
–Para colmo ¿Sabes quien me atendió? –Inquiero. Ella fue a buscarme en auto al hospital y estuvimos hablando de todos los sucesos... aunque hay algo que aún no le comenté. Sabía que si se lo decía en el vehículo quizás podríamos tener un accidente pues iba a chillar tan alto que iba a perder el control.
Asoma su cabeza por el umbral y alza sus cejas, más que interesada.
–Desembucha.
–Zack.
Abre sus ojos como dos platos enormes y ahora saca todo su cuerpo del baño.
–¡¿Qué?!
–Lo que escuchaste.
–¡¿Qué hacía él ahí?! ¿Ya es médico? ¡Cuéntame! –En mi interior, sonrío autosuficiente pues es exactamente el tipo de reacción que esperaba de mi amiga. La conozco demasiado bien como para saber que es una cotilla escandalosa.
–Consiguió que lo dejaran hacer prácticas porque su tía o no sé quien tenía un contacto.
Se sienta a mi lado en la cama.
–Hombre...
– Y, como no, justo tenía que ser en el hospital al que Zoe me llevó. –Ya le conté sobre la muchacha y su respuesta a eso fue que cuando la viera, le daría un gran abrazo de agradecimiento por ser la heroína de su mejor amiga. O algo así me dijo.
–¿Y qué sucedió? Dime, no seas tan lenta para contar que me muero de intriga.
–Es que no sucedió nada. Solo me revisó el tobillo y... me dio las indicaciones. Fue muy profesional... –Ahora mismo me percato de que habría deseado que lo fuera un poco menos. Aunque sé que debo seguir poniendo distancia, por otro lado, anhelaba que dijera algo relevante como, por ejemplo, que quería besarme o que deseaba conversar sin pelear. No sé si habría aceptado. Seguramente por mi orgullo, me habría negado pero, de todos modos, necesitaba escucharlo. Y él solo se abocó a su trabajo.