Capítulo catorce

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Zackarias Craig

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Zackarias Craig


Estaciono el vehículo frente a su residencia y la espero, con mi brazo apoyado en la ventanilla y mis lentes de sol puestos. Gracias a la puerta de vidrio, puedo divisarla bajando el último tramo de escaleras. Lleva unos vaqueros, un hoodie holgado y unas zapatillas converse. Es su estilo natural y me encanta como le queda la comodidad. El viento despeina su cabello colorado cuando abre la puerta y sus ojos me localizan.

Sonrío de lado, ella desvía la mirada de mi hacia la calle y rodea el auto para sentarse en el asiento copiloto.

Por un momento planeo decirle lo hermosa que se ve pero lo único que sale de mi boca es lo siguiente:

–¿No tienes calor— Inquiero.

Hay un solazo que te hace entrar en temperatura. O entré en temperatura solo por verla...

–En el cuarto hacía algo de frío. –Se encoge de hombros. Pongo el auto en marcha y comienzo a conducir– ¿Eleonor se acuerda de mi?

–Por supuesto, ¿Qué clase de pregunta esa? ¿Ya te olvidaste de las veces que la ayudaste a terminar de pintar sus cuadros?

–Uno de los cuales tú te encargaste de destrozar.

–En mi defensa, no fui yo. Fue Dobby quien lo masticó.

–¡Pero tu debías ponerlo en un lugar seguro justamente para que el perro no se lo comiera! –Suelta, terminando por reír–. Y claro que no he olvidado cuando la ayudaba, pero quizás ella sí.

–Te aseguro que no. Le va a sorprender verte tan... –Le doy una ojeada, alza sus cejas esperando– ...Iba a decir grande pero retiro lo dicho, aún eres una niña.

–Tengo más maduración mental que tú así que me parece que el niño aquí es otro.

Ruedo mis ojos.

–Como digas, Chispas.

No tardamos mucho en llegar. La casa de mi tía es grande aunque no tan sorprendente como la de Mónica. Estoy por salir del vehículo pero su mano se enreda en mi brazo y me giro a verla con curiosidad.

–¿Sucede algo? ¿Quieres que lo hagamos en el auto antes de ver a mi tía? –Bromeo, bueno, en realidad lo digo en serio. Si ella acepta...

Reprime una sonrisa y se finge fastidio al rodar sus ojos. Luego, la noto nerviosa.

–Tengo una duda desde hace unos días pero no te pregunté nada porque no quería incomodarte... –Comienza. Ladeo la cabeza a un lado, pensando que podría ser eso que quiere preguntarme.

–Preguntame.

Vacila un segundo, después parece tomar coraje y lo suelta.

–¿Has... has vuelto a visitar a tu madre? –El rastro de sonrisa en mi rostro se desvanece. Tenía un presentimiento de que sería algo relacionado aunque oir la pregunta me causa una sensación amarga–. No tienes que contestarme si no quieres, no quiero entrometerme. Es solo que me quedé pensado en aquello desde la vez que fuimos y...

Bésame, quiéremeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora