Segundo libro de "Bésame, ódiame".
"La universidad...
Nueva etapa.
Nuevas personas por conocer.
Nueva oportunidad para sacármelo de la cabeza...
O eso creía.
Como siempre, él iba a arruinar mis planes. Su sonrisa blanca, sus ojos traviesos y su per...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Zackarias Craig
La puerta de mi departamento suena. Tres toques en esta me sacan de mi ensimismamiento. Estoy recostado y siento mis músculos pesados. No tengo fuerzas para levantarme así que me quedo en la cama comiendo una golosina que encontré por ahí en mi armario. Sin embargo, la persona que está afuera insiste y toca otras tres veces.
–Si es el conserje, juro que lo mato... –Murmuro para mí mismo.
Extrañado, me encamino a paso pesado.
Cuando abro, dejo de masticar la gomita de regaliz, sorprendido por la persona que me observa con mirada cautelosa. No sé qué decir y por suerte es él quien toma la palabra.
–Lamento lo de tu... –Peter inicia, sin siquiera decir hola. Lo conozco lo suficiente como para saber que no es el mejor cuando de cuestiones sentimentales se trata.
–Si, ya. No hace falta. –Lo corto, formando un silencio incómodo. Ninguno sabe cómo romper el hielo. Yo porque no esperaba que viniera y él... pues por la situación en la que se encuentra nuestra supuesta amistad.
–¿Qué porquería estás comiendo? –Me arrebata el regaliz. Nunca le han gustado–. Que mala forma de ahogar tus penas.
Reprimo una sonrisa. No quiero que esté aquí por lástima, ni porque haya sido obligado por su madre o por Lilly. Es por esa razón que no fuerzo las cosas y le doy la oportunidad de irse si eso quiere hacer.
–Sabes que nunca tuve relación con mi madre. Estoy bien, no tienes de qué preocuparte.
–Si... –Pronuncia débilmente. Se mueve contrariado. Mira el pasillo, luego a sus pies y finalmente cuando toma una decisión, alza un brazo y me enseña una bolsa de comida rápida en su mano– ¿Fatty jacks? –Inquiere, sonriéndome a medias. Es más como una sonrisa nerviosa y lastimosa pero no porque sienta lástima por mi. Es como si sintiera lástima de sí mismo, del punto al que hemos llegado.
Las cosas se vinieron a pique entre nosotros, eso está claro. Nunca pensé que decepcionaría tanto a mi amigo, ni que me daría el puñetazo de mi vida o que me trataría como si contaminara el aire que respira. La cagué y traté de solucionarlo, le pedí disculpas múltiples veces cuando tenía oportunidad hasta que me tocó aceptar que ya no tenía caso.
Estuvimos fatal el uno con el otro. Pero, después de todo, él sigue siendo mi mejor amigo.
Cuando esbozo una sonrisa, noto que su expresión se relaja.