Capítulo veintitrés

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Zacharias Craig


Me despierto al lado de Lilly. Su cabello rojizo se esparce por las sábanas blancas, su cabeza descansa en mi hombro, su brazo cruza por mi torso y una de sus piernas está flexionada sobre mi cadera. Su rostro es angelical, su respiración tranquila calma la mía.

Sonrío y, con la mano de mi brazo que ella está usando de almohada, la estrujo más contra mi. Tenerla conmigo es aliviante. No puedo ni siquiera explicar el sentimiento que me posee cada vez que despierto con este panorama. Pareciera casi irreal, como si estuviera en un sueño.

Comienza a moverse remolona cuando acaricio sus mechones.

–Chispitas... –Llamo. Me gustaría quedarme así todo el día o dejarla durmiendo aunque sea a ella pero son las siete y media y es miércoles así que tenemos clases. Sé que si no la despierto, luego se pondrá molesta por haber faltado.

–Quiero dormir...

–Lo sé pero tenemos clases.

Suelta un quejido.

Al principio no quería dormir en mi departamento. Se negaba rotundamente. Incluso le compré un pijama que le dije que guardaría exclusivamente aquí para cuando se quedara conmigo. Luego, le sugerí dejar su cepillo de dientes para que, cuando viniera los fines de semana, no tuviera excusa para irse. Y ahora, desde aquella vez que le dije que la amaba, prácticamente duerme conmigo todas las noches...

Aprendí que todo es más fácil cuando uno aprende a comunicar sus sentimientos.

Sin embargo, cuando tiene exámenes se encierra en su residencia y no aparece por unos largos días en los que paso por la puerta del dormi sólo para dejarle chocolates. La Chispitas sabelotodo nunca va a cambiar.

–Oye...

Abre los ojos, su ceño se frunce por la luz que ingresa. Sonrío y beso la punta de su nariz.

–¿Qué hora es?

Me fijo en el reloj de mi brazo libre.

–Siete y treinta y seis.

Se incorpora en la cama de repente, tomándome desprevenido.

–¡Ya es tarde!

–Apenas cinco minutos de lo usual.

–Los cinco minutos cuentan...

Suelto un suspiro disconforme cuando se pone de pie. Sin embargo, mi humor cambia al verla en ropa interior. Ella ni se percata pero yo disfruto demasiado ver como busca que ponerse en el armario con sus bragas de solcitos. Si, también se dejó algunas prendas de ropa en mi departamento para estos casos.

Bésame, quiéremeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora