Segundo libro de "Bésame, ódiame".
"La universidad...
Nueva etapa.
Nuevas personas por conocer.
Nueva oportunidad para sacármelo de la cabeza...
O eso creía.
Como siempre, él iba a arruinar mis planes. Su sonrisa blanca, sus ojos traviesos y su per...
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Zackarias Craig
El primero en recibirme es un Bulldog inglés gordo y enano que corre hacia mí jadeando con dificultad por sus mofletes que no lo dejan respirar. Sus pequeñas patas delanteras llegan hasta mi pantorrilla.
—¡Hey Dobby! —Me pongo en cuclillas para acariciarlo mientras se mueve de un lado hacia otro con emoción—. Que gordo te has puesto, amigo mío.
—¡Zacky! —La voz de mi tía, quien está igual de emocionada que el perro, me hace incorporar en el lugar y sonreír. Sus brazos me rodean, yo pongo los míos en ella para devolverle el abrazo con gusto.
—Hola, tía.
Se separa para mirarme.
—¿Qué tal te fue con el partido de apertura? ¿Cómo vas con las materias? ¿Y las prácticas? —Suelta todo sin dejarme pensar.
—Vayamos de a una.
—Lo siento, soy tan atolondrada a veces. —Hace una mueca—. Ven, compré una torta de chocolate y nuez para acompañar el café.
Mi rostro se ilumina; exactamente esa es mi favorita y ella lo recuerda.
El animal enano y gracioso nos sigue. Sus piernas cortas son musculosas y su barriga está inflada. Eleonor nunca aprende a medir su comida balanceada. Es un contraste curioso; ella es alguien deportista que va al gimnasio al menos tres veces por semana y mantiene su figura mientras que su mascota parece un cerdito en vez de un perro. Es justamente esta mujer quien me incitó a aprender futbol americano a una corta edad, ya que decía que el deporte era importante. Pareciera que toda la comida que ella evita, se la roba Dobby.
Actualmente, vive en una casa que está a pocos kilómetros de la universidad. Está casi a estrenar, apenas me mudé yo, ella vendió la anterior y compró esta. Antes vivíamos a solo metros de donde vivía Peter y su familia, es por eso que asistimos al mismo instituto y allí nos conocimos.
Tomo asiento en la mesa larga de vidrio. Ella lo hace frente a mí, la torta está en el centro y tiene preparada una jarra de porcelana con café así como dos tazas que combinan.
—¿Ganaste masa muscular o es mi imaginación? —Inquiero, sabiendo que eso va a ponerla contenta.
Sus ojos marrones claros me miran entusiasmados.
—¿En serio lo notaste? —Acaricia sus brazos.
—Si, Lenny.
—Es que cambié la rutina hace tres semanas. El entrenador es un lento, así que tuve que decirle que si no me preparaba otra iba a cambiarme de gimnasio.
Me carcajeo por su persistencia.
—Amenazar al entrenador parece haber dado resultados.
Observo a Dobby, echándose en el sofá de terciopelo celeste. Típico del dormilón.