Capítulo dieciocho

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—Con que una cita

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—Con que una cita... ¿Mhn? —Cami repite por sexta vez desde que le dije que Zack pasaría a buscarme para ir a cenar. Le conté sobre nuestra discusión terminada en reconciliación y lo que más me sorprendió es que no parecía asombrada. Le conté lo que finalmente me había confesado y solo me miró con cara de sabelotodo. Según ella era algo obvio. Según yo, no lo era. O, bueno... Quizás un poco.

—Que hermoso ese color. —Acota Zoe con sus rizos rubios despeinados, sentada en el suelo y su espalda apoyada contra mi cama.

Observo la blusa verde esmeralda que está adornada por un escote lo suficientemente demostrativo pero leve al mismo tiempo. Un pantalón negro y engomado debajo y unas sandalias marrones.

—Si, creo que fue una buena elección.

—Si van al restaurante que se llama "Taquito" no pidas el super fuego porque, creeme, va a hacerte transpirar esa tela preciosa. —Aconseja la chica. Hago una mueca de horror.

—Lo tendré en cuenta, voy a evitar lo picante. —Me acomodo el cabello una vez más—. No sé porqué estoy tan ansiosa si es Zackarias con quién salgo. El mismo de siempre, el que conozco hace cientos de años, el niño que se sacaba los mocos y me mostraba su lengua. —Confieso, dejándome caer sobre el asiento delante del escritorio.

—El efecto de las citas. —Cami deja su móvil a un lado. Sonríe, y justo cuando iba a decir algo —seguramente atrevido por como sus cejas se alzaron–, una notificación llega a mi móvil.


De: Zackarias insoportable Craig

Estoy abajo. Por favor dile a Cami que no te entretenga, ¡Tengo hambre!


Si, es un mensaje muy de Zack.

Me pongo de pie sintiéndome nerviosa por salir con él por primera vez. ¿Por qué? No lo sé. Quizás es la anticipación, sumado a la rareza de la situación. Si hace cuatro meses atrás me hubieran dicho que tendría una cita con él, les habría recomendado el número de un psiquiatra pues había que estar delirante para creer que eso iba a suceder.

Y, sin embargo, aquí estoy.

–Está abajo.

–Recuerda, no pidas el super fuego.

Sonrío y niego.

–Pásala bien con tu galanazo. –Cami saluda. Les hago una seña a ambas con mi mano y salgo del dormitorio.

En mi camino escaleras abajo, acomodo mi cabello algunas veces más, tengo hasta miedo de pisar mal y caer por el nerviosismo. Pero todo cambia de forma inmediata cuando pongo un pie fuera del edificio y lo encuentro con su brazo reposado en la ventanilla baja de forma desgarbada. Se gira hacia mí para sonreirme con todos sus dientes brillantes y siento mi mundo tambalearse.

Bésame, quiéremeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora