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𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐓𝐄𝐍 [🍂.☀️.⚔️]
Peter se sostenía de aquella espada como si su vida dependiera de ello, cosa que no estaba muy lejos de la realidad. Podio sentir el fuerte agarre que sus hermanas ejercían en su abrigo.
Creyó que se desmayaría en cual quería momento, casi no sentía sus manos al estar expuestas al agua, y una que otra vez su cuerpo soltaba temblores incontrolables.
Miro a su alrededor tratando de divisar alguna cabellera rubia, pero aun nada, su garganta se le cerraba poco a poco al no ver noticias de Aurelia. Entonces los castores tomaron el pesado de hielo en el que iban y empezaron a guiarlos hasta la orilla. Salieron con dificultad a tierra firme.
Peter sintió muy liviano su agarre en Lucy y al ver que solo tenía un abrigo en su mano abrió los ojos con terror. Susan jadeo con pánico.
-¿¡Que hiciste!? !¿Donde están Lucy y Aurelia?!- el contrario se encontraba incapaz de decir nada- ¡Lucy! ¡Aurelia!
Se devolvieron a ver el río frente a ellos pero sólo vieron agua y pedazos de hielo, ninguna cabeza gritando; o flotando. El mundo se les estaba rompiendo frente a ellos.
-¿Alguien ha visto mi abrigo?- exclamo Lucy a lo lejos, que venía hacia ellos, se abrazaba a sí misma titiritando, los hermanos soltaron el aire que habían retenido y se acercaron a ponerle su abrigo
-¿Donde esta Aurelia, Lucy?- preguntó Susan con la voz temblorosa, al realizar que las dos niñas no volvían juntas
Los ojos de la niña se abrieron ante su pregunta.
-Creí que iba con nosotros. . .- empezó con duda- Yo me caí casi en la orilla y nade hasta acá, creí que había regresado con ustedes.
Al ver sus rostros llenos de pánico la niña grito y casi se mete al rio.
-¡Aurelia!- pero su hermano la tomó por los hombros- ¡Hay que buscarla!
-Entraré al rio- la freno Peter sin mirarla y la acercó a su hermana-. Quédate con Susan.
-¡Chico! No sabemos donde podría estar- le decía Castor al verlo con los pies metidos en el agua- ¡Espera!
-¡No me quedare aquí esperando a que muera ahogada!- volteo a mirarlos a cada uno con los ojos desorbitados y llenos de angustia- ¡Quédense aquí!
Al voltear nuevamente se detuvo al ver un estallido de agua a unos pasos de ellos, y como una especie de ola venía con algo encima. El Pevensie reconocería esos rizos donde fuera.
Todos se miraron con sorpresa y corrieron unos pasos aun en la orilla y vieron el cuerpo de la rubia tendido en la nieve. Parecía inconsciente.
Tenía un moretón en toda la frente y estaba demasiado pálida, sus labios se veían casi azules y estaban agrietados. Pero lo peor es que no parecía respirar.