IF NOT NOW, WHEN WILL IT BE?

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CHAPTER TWENTY

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CHAPTER TWENTY

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Aurelia miro una vez más su reflejo en aquel enorme espejo. Traía su cabello recogido a la mitad y algunas de las aves y ardillas— que sorprendentemente eran muy buenas— definieron sus rizos y pusieron flores en su cabello.

Susan fue la encargada de entregarle su vestido, porque a pesar de que tenía muchos, está alegaba que ninguno era el correcto para la ocasión tan importante. Este era de un rosado muy suave, tocando casi al blanco y sus mangas llegaban un poco más abajo de sus manos, lo que aveces resultaba incómodo. Aunque le daba un aire más etéreo. En su torso, tenía tejidas las formas de los lirios de color dorado. Mientras que una diadema de flores, descansa sobre su cabeza, simbolizando su nobleza y autoridad.

Se sentía como una princesa.

La joven se volvió a mirar en el espejo, sentada en una butaca del color del tinto, no hallaba marcas de cambio o madurez en ella. Aun así, era algo que no tardaban en recordarle cada que la veían.

Pero la chica que la miraba de vuelta seguía siendo la misma: Una niña solitaria que fingía no tener miedo todo el tiempo.

No tenía que estar dirigiendo un ejército para preguntarse si verdaderamente estaba hecha para lo que fue estipulada. Siempre se había sentido de esa manera.

Como hija, amiga.

El constante miedo a fracasar en lo que fuera, la perseguía como las sombras debajo del sol. Era irremediable. No importaba los éxitos que le aclamaran, o las miradas llenas de orgullo.

Se preguntaba si alguna vez, ella misma, se sentiría satisfecha de la persona que era. No, "la Neshama", no, "la Elegida."

Aurelia Lennox. Lía.

Dejó de observarse dándole la espalda a su imagen y trató de centrarse en lo verdaderamente importante. Sobrevivir hasta muy tarde las interminables reuniones sociales e incómodas integraciones. Aun así, todo eso la hacía sentir dichosa, porque llegaba a integrarse con su pueblo desde una perspectiva completamente diferente. Una mas cercana al panorama al que a veces no tenía tiempo de contemplar por todas las ocupaciones del día y noche. Estas cosas normalmente las hacían los hermanos, no ella.

Pero esta era una ocasión que los ameritaba a todos.

Escucho los toques fuera de su puerta y soltando un suspiro camino hacia ella y se asomó tímidamente. Susan la saludó con una sonrisa perfecta.

—¿Y? ¿Qué tal?— la pelinegra dio varias vueltas en su lugar, sin entrar a la habitación por completo

Aurelia se soltó del marco de la puerta y se echó a reír sorprendida, abriendo la puerta de paso.

𝐖𝐄𝐋𝐂𝐎𝐌𝐄 𝐇𝐎𝐌𝐄 | 𝐏𝐞𝐭𝐞𝐫 𝐏𝐞𝐯𝐞𝐧𝐬𝐢𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora