¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
CHAPTER TWENTY—ONE
[⚔️. ❄️. 🪷]
Antes de que Aurelia se diera cuenta, cayo a los pies de Susan llena de angustia.
A su lado ya estaba Peter, y este le gritaba a Edmund que se llevara lejos a Lucy que gritaba y lloraba tratando de acercarse.
Susan luchaba por hablar, hasta respirar, pero su voz parecía haber desaparecido.
—Quédate conmigo, Su.— Peter rogó con desesperación, mientras apretaba su mano
—¡Protejan a sus majestades!— gritó alguien en el público, mientras que todos huían despavoridos en todas las direcciones
—¡La amortentia de Lucy, ya!— ordenó Aurelia a quien fuera, y un centauro llegó trotando con ella en manos
—Aquí tiene, Neshama.— pero enseguida se marchó a cubrir a los heridos más pequeños
Susan jadeaba buscando el aire, casi corriendo detrás de él, logrando que a Lia se le empañaran los ojos sin saber que hacer por ella. Con manos temblorosas, tiro la primera gota en sus labios, aún sin haber quitado la flecha por la desesperación y porque era demasiado peligroso
Esperaron unos segundos, y la sangre en su herida desapareció. Pero la mirada de Susan ya no estaba en ellos, y el pequeño color que había en su rostro se había desvanecido.
—No... f-funciona.— fue lo único que dijo, hasta que su último aliento salió como un aire helado de sus labios
Y antes de que se dieran cuenta, estaba tan fría como el hielo y su color era casi azul. No se movía.
Lágrimas calientes rodaron por los ojos de Aurelia mientras que Peter se acostaba en el pecho de su hermana soltando sollozos indescifrables.
Sin poder observar la escena y con ganas de vomitar, la rubia miró hacia los ciudadanos y observó cómo aún había algunos corriendo... pero otros estaban en la misma posición de la Reina Susan. Paralizados en el suelo.
Congelados.
Un jadeo abandonó sus labios cuando observó a un encapuchado apuntar hacia ellos con las mismas intenciones.
—¡Peter!— se le lanzó encima al rubio y ambos cayeron al suelo, la flecha quedando incrustada en la madera de la carpa, cuando el rubio la miró, lágrimas caían por sus mejillas— Debemos entrar a Cair Paravel, ya.
El negó varias veces tembloroso.
—Su.. Susan, no...
—Si no nos movemos ahora, terminaremos igual que Susan, Peter.— el rehuía su mirada hacia una Susan congelada— Tus hermanos se quedarán solos, Peter.