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CHAPTER TWENTY—FOUR
[❄️. 🧊. ☀️]
La noche se cernía como un manto pesado sobre el mundo. El cielo, cubierto por nubes densas, no dejaba que la luz de la luna alcanzara el suelo. El aire estaba frío, casi cortante, y el silencio era absoluto, solo por el susurro de un viento que parecía venir de ninguna parte, como si la oscuridad misma estuviera respirando.
El paisaje afuera del palacio, normalmente lleno de vida, ahora se sentía desolado, como si la misma naturaleza hubiera caído bajo el peso de una quietud mortal.
A lo lejos, a penas se podía distinguir la silueta de las montañas, sumidas en un negro profundo. En el aire flotaba una sensación de quietud, como si algo acechara en el borde la oscuridad, esperando el momento adecuado para hacer el movimiento.
Era una noche que no ofrecía consuelo, donde la única compañía era la sensación de ser observado, de estar a merced de lo desconocido.
En el gran salón, los hermanos junto a Aurelia se reunían una última vez antes del largo viaje que estaban a punto de comenzar.
Lucy estaba agarrada a Peter sin muchas ganas de separarse aun con su rostro hinchado, aunque se podía notar el cansancio en sus acciones.
—Debiste quedarte en cama a descansar, Lu.— la riño Peter casi en un susurro, aunque en su voz se notaba la preocupación
—No puedo dejarlos irse...
—Debemos hacerlo, Lucy. Por Susan.— trató de explicarle Aurelia, pero la niña la detuvo
—Sin despedirme.
La boca de Aurelia quedó en el aire apenas la oyó decir aquello, y sonrió dulcemente, agachándose de paso. Extendió sus brazos y la recibió en un cálido y fuerte abrazo, en el que sus ojos no tardaron en empaparse.
—Por favor vuelvan pronto.— la forma en que la voz de Lu se rompió, quebró el corazón de Lia
Porque ella no podía hacer ninguna promesa, y aquello la aterraba.
A veces olvidaba que esto no solamente eran risas y juegos, su vida estaba en constante peligro. Pero algo en esta vez la preocupaba aún más.
Cuando se separó, prefirió asentir nada más y sonreírle de manera juguetona. Aunque la niña no se rió, más bien, rebuscó en sus bolsillos algo.
Al sacarlo, sacó un amuleto de plata con forma de corazón. Este brillaba y se movía en sus dedos.
—Es de Susan. Para que recuerden quien los espera en casa.
Aurelia lo tomó con manos temblorosas y se lo ocultó en su bolsillo. Se levantó y agarró su mano con fuerza, de nuevo, aguantando las ganas de llorar ahí mismo.