CHAPTER TWENTY-SEVEN
[❄️. 🌦. 🔥]
El hielo la envolvió.
Todo era blanco, y sin embargo no había luz en sus ojos cerrados.
Ya no había dolor.
Ni frío.
Ni voz alguna.
Solo silencio.
A Aurelia le confundió que no le costó abrir los ojos. Una idea aterradora paso por su cabeza: "Estoy muerta."
El suelo debajo de ella era blanco y mullido. Era nieve. Se sentó. La bruma que la envolvía al principio se abrió paso, y ante sus ojos se extendió un lago congelado, cubierto por un velo de escarcha espeso. Lia lo reconoció al instante. Su pecho se contrajo.
El aire era el mismo que recordaba: helado, mordaz, tan puro que dolía respirarlo. Cada copo de nieve parecía idéntico a aquel día. Allí, justo en el centro del lago, donde el hielo se curvaba como un espejo roto, yacía el recuerdo más cruel de su vida.
Ella volvió a verse, pequeña, avanzando con pasos torpes sobre la superficie congelada. Escucho su propia risa infantil— tan ajena a lo que estaba por ocurrir— antes de que el hielo cediera con un crujido. Y luego, el grito. El grito de su madre.
Su desesperación fue instantánea.
Aurelia quiso correr. Sus pies intentaron moverse, pero estaban clavados en la nieve como raíces. Trato de alzar los brazos, de gritar, de lanzarse al lago y salvarla a ella, salvarla a las dos... pero su cuerpo no respondía. Sus piernas temblaban y no se movían. Sus dedos no podían ni cerrar el puño. Solo podía mirar.
En el hielo roto, su madre la empujaba hacia la orilla, luego de lanzarse al agua, hundiéndose más. Lia sintió un desgarro en el pecho.
—¡Mamá! ¡Mamá, no!— grito, pero su voz se perdió en un eco ahogado
Una risa fría se filtró entre los árboles congelados. Y entonces la vio.
Una silueta entre la niebla, caminando sobre el agua congelada como si el frío y la escena a su lado no fuera nada en absoluto. El cabello blanco le ondeaba en el viento. Ojos pálidos como el invierno.
Lia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
No podía ser... no allí. No dentro de ese recuerdo.
—¿Tu...?— murmuro con voz temblorosa
La bruja blanca sonrió. Ella no pertenecía a este recuerdo. A su recuerdo.
—Que trágico, ¿verdad?— susurro con una dulzura venenosa
El espectro de la mujer llegó hasta la Lia niña. La que lloraba desesperada porque su madre se hundía en las profundidades del lago por salvarla. Quiso tocarle la cabeza pero su propia voz la detuvo, llena de ira contenida por años:
—Déjala.— dijo, apenas en un hilo de voz— No tienes derecho a estar aquí. Tú estás muerta.
Jadis se inclinó, como si lo que dijo fuera divertido.
—Oh, pero yo siempre he estado aqui, Aurelia. En tu culpa. En tu silencio. En esa pequeña voz que repite que fue tu culpa.
El agua se agitó en el centro del lago, reflejando la desesperación de su madre por salir del hueco en que se había metido por ella. Aurelia forcejeo inútilmente, lágrimas calientes corrían por sus mejillas.
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𝐖𝐄𝐋𝐂𝐎𝐌𝐄 𝐇𝐎𝐌𝐄 | 𝐏𝐞𝐭𝐞𝐫 𝐏𝐞𝐯𝐞𝐧𝐬𝐢𝐞
Fanfiction"𝖶𝗁𝖾𝗇 𝗐𝖾 𝖼𝗋𝗒, 𝗐𝖾 𝖺𝗋𝖾 𝖻𝖾𝖾𝗇 𝗍𝗁𝖾 𝗌𝗍𝗋𝗈𝗇𝗀𝖾𝗌𝗍 𝗏𝖾𝗋𝗌𝗂𝗈𝗇𝗌 𝗈𝖿 𝗈𝗎𝗋𝗌𝖾𝗅𝗏𝖾𝗌".
