Mateo, un joven que es considerado el nerd del salón, no tiene vida social, mucho menos amigos, bueno, si hay una, pero no es muy relevante para él.
Su único pasatiempo es leer libros e investigar sobre la historia otomana, su favorita admiraba much...
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Esas dos semanas pasaron más rápido de lo usual, pero afortunadamente teníamos ya todo listo para la bienvenida de la safavida, la cual miraba con cierta curiosidad todo, caminaba por los pasillos con firmeza pero a su vez con cierto temor. Cuando llegó donde nosotros, hizo el protocolo real.
──Su majestad.──Habló la joven.──Le agradezco por el recibimiento.
──Sea bienvenida, princesa. Haremos que esto no sea muy diferente a su hogar.──Hice una pausa.──Él es mi hijo.
Extendí mi brazo en dirección de Mehmed, por la mirada de Rabia supe que le gustó o que al menos se le hizo atractivo. Ella caminó hacia él, Mehmed sonrió dulcemente y besó su mano, luego pidió permiso para salir de la habitación con su prometida para ir a caminar.
Los observé desde el balcón con mi esposa; realmente, ellos se veían bien juntos.
──Celebraremos la boda dentro de dos semanas.──Dijo Hurrem sacándome de mis pensamientos.──Esa fue la petición del Sah Safavida, dijo que quería que se hiciera todo lo antes posible, pues su deseo es que tú puedas unirteles en la guerra contra los chinos.
──Haremos eso entonces. Después de todo, los jenízaros desean una campaña.
A las dos semanas, todo estuvo listo para la ceremonia. A decir verdad, nadie se veía realmente emocionado por esta unión, ni siquiera yo, pero sin duda alguna era algo necesario para el futuro.
Caminé con Hurrem y mis hijas al lugar donde sería la ceremonia. El sacerdote, los novios y todos los demás llegaron sucesivamente para dar inicio a esta boda.
El sacerdote comenzó diciendo que Allah era todo poderoso y que gracias a Él esta unión sería próspera para los dos imperios. De ese modo, continuó con lo que realmente era importante: la pregunta sobre si aceptaban. Afortunadamente, los testigos dijeron que sí las tres veces, sellando por fin el matrimonio.
En la sala donde celebraríamos el banquete junto al Sah Safavida, su consorte y sus dos hijos mayores, Mehmed dio un collar de oro blanco y rubíes a su ahora esposa, diciendo que sus cabellos brillaban tanto como las joyas del collar. Sin duda, fue una escena hermosa.
Algo que puedo destacar es que, si bien no estaba nadie emocionado por esto, estábamos felices por alguna u otra cosa, por lo que no fue un ambiente sombrío de ninguna manera.
Comencé a hablar con el Sah Safavida de cómo serían los movimientos de la nueva guerra y cómo íbamos a ganar. En ese momento estaba tan ocupado hablando que no me di cuenta de cómo las otras cuatro víboras hablaban entre sí.
Ayse Hafsa, Handan, Mukrrem y Yenisah no parecían nada contentas, pero eso no fue impedimento para que disfrutaran de cierta manera la boda.
Claro, como no se veían hace tiempo, era el mejor momento de aprovechar que estaban todas juntas y comenzar a planear su próximo movimiento.
Por otro lado, estaban Mihrimah y Raziye. La segunda hablaba animadamente con uno de los hijos del Sah Safavida, más específicamente con el segundo de sus hijos, mientras Mihrimah se dedicaba a mirar a todos lados como si buscara a alguien.
Pude ver por el rabillo del ojo cómo mi hija se levantaba de su asiento y comenzaba a caminar hasta donde estaba su madre. Las dos susurraron para que yo no pudiera oírlas y acto seguido salió de la sala.
──¿A dónde fue?──Pregunté a Hurrem.
──Dijo que tenía algo que hacer en el patio de las favoritas.──Me respondió la pelirroja.──Lo más probable es que ella vaya a buscar a Anastasia, después de todo, lo que vivieron en Manisa las hizo amigas.
No dije nada, aparté la mirada de ella y me enfoqué en el pavo que tenía delante mío. Sí, no podía evitar sentirme culpable por todo el dolor que le estaba haciendo pasar a esa niña, sin embargo, ella me lo agradecería cuando no tuviera que ver morir a Mehmed por ascender al trono.
Todo transcurrió con normalidad después de la ceremonia. Permanecí dos días más en el palacio otomano para luego irme con los Safavidas y mi ejército a la nueva campaña