Connie es una adolescente de quince años que está buscando ordenar su vida tras una ruptura amorosa. Con su fiel compañero, un reproductor de mp3, ella comprenderá que el poder de las canciones es singular.
Una canción puede recordarte a alguien o t...
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Matt vio a su mejor amigo caminar en su dirección acompañado de Peter. Este era un mal escenario, pensó. Luego dirigió su mirada al interior del auto; la chica se había movido al otro extremo y estaba a punto de salir por la otra puerta. Retornó al vehículo con la intención de detenerla.
—Dylan se acerca —dijo él comenzando a fingir que todo seguía en orden.
Una vez en el auto, lo primero que hizo Dylan fue pasarle a Connie una botella con agua por entremedio de los asientos.
—Bébela toda —ordenó él antes de colocarse el cinturón de seguridad—. Jake me llamó. La Van se averió y necesitan nuestra ayuda.
Connie miró confundida la botella entre sus manos. Sintió el auto avanzar con su mente dando vueltas entre tres cosas: lo excitada que se encontraba, la identidad del nuevo chico que los acompañaba, y el beso con Matt.
Bebió varios sorbos de agua al sentir su boca extrañamente seca. Su teléfono comenzó a sonar, llamando la atención de todos en el interior.
—Es Jake —informó ella.
—No contestes —le ordenó Dylan. Jake debe estar muy molesto para llamarla ahora a ella, pensó con impaciencia.
Llegaron al estacionamiento del Bar, el que se encontraba tres cuartos de capacidad. El tiempo apremiaba. Dylan se bajó con apuro y le ordenó a Matt hacer lo mismo.
—Peter, estaciona tú. Nos vemos adentro —dijo Dylan.
El aludido fue con prisa a obedecer la orden.
Connie vio todo en cámara lenta. Por otra parte, reconoció el nombre y el rostro del chico que conducía el vehículo; Peter era a quien le compró cocaína hace poco más de un mes.
Su nuevo compañero, Peter, comenzó a cuestionarla con preguntas vagas a medida que caminaban hacia el local como, por ejemplo, de dónde conocía a Dylan y si ya había venido. Connie lo observó extrañada y le respondió de forma breve, no quiso recordarle que ya habían hablado antes.
La conversación giró luego en torno a una historia divertida que Peter experimentó la semana pasada en ese mismo aparcamiento, lo que resultó con su moto averiada. Por ese motivo le había pedido a Dylan el favor de traerlo y dejarlo en su casa después del show.
Connie se río a carcajadas de lo tragicómico que fue su historia. Comenzaba a tener el subidón por la pastilla, el que se potenció con la música en el interior: Sabotage de Beastie Boys.
Los chicos entraron al local unos minutos más tarde por la parte trasera del escenario, después de echar a andar la Van que traía consigo sus instrumentos. Eran conscientes de que le debían una explicación al dueño por su leve retraso, por lo que hicieron eso antes de montar sus cosas sobre el escenario, para lo que iba a ser su tercer show en ese lugar.
A minutos de comenzar con la función, Dylan se acercó a los dos chicos, Peter y Connie, ubicados en medio del local, para confirmar que todo estuviese en orden. Peter le entregó las llaves de su vehículo y Dylan asintió.