Capítulo 38: Tocar fondo

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En la sesión del lunes, Connie le contó a su psiquiatra sobre el episodio en la playa y el que experimentó esa última noche del viaje

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En la sesión del lunes, Connie le contó a su psiquiatra sobre el episodio en la playa y el que experimentó esa última noche del viaje. Edwin le mencionó que tener recaídas durante el tratamiento era completamente normal. Le explicó que ella notaría avance al sentir que esas recaídas eran menos intensas que antes de empezar su tratamiento, que es lo que Connie sintió en la playa, no así en la noche de la fogata.

Aquello no dejó muy conforme a la muchacha. Adicionalmente, durante la sesión, se molestó con Edwin por dos razones: la primera, porque él quiso indagar sobre el motivo que la llevó a meterse al mar, vestida y sin compañía. Ella evitó entrar en ese tema porque no lo consideró relevante, de hecho, la única razón por la que le contó eso fue porque Dylan se lo pidió. No entendía por qué el rubio y Edwin estaban tan interesados en ese tema, ¿acaso veían algo que ella no?

Y la segunda razón fue porque Edwin se negó a subirle la dosis de la medicación, que es lo que ella esperaba de la sesión.

La tarde siguiente, al llegar a su casa de la escuela, fue de inmediato a su cuarto a dormir. Estaba muy cansada como para hacer algo diferente. Además, Dylan iba a conversar con Kimberly para terminar con su acuerdo de la mejor forma posible, y más tarde él tendría ensayo con la banda, porque el viernes tendrían que tocar en el Bar.

Despertó casi tres horas más tarde a causa del llamado de su madre, ubicada en la entrada de su pieza.

—¿Por qué estás en cama? —la cuestionó Rebecca—. ¿Estás enferma otra vez?

—Necesitaba descansar.

—¿De qué? Pudiste haber preparado la cena antes de venir a dormir.

Connie bufó y se sentó al borde la cama, dándole la espalda.

—Bajaré pronto y cocinaré algo rápido —dijo ella, por encima de su hombro.

—Bien. Yo iré a tomar una ducha, pero antes quiero contarte algo. —Hizo una pausa, esperando algo que nunca ocurrió, por lo que tuvo que pedirlo—: ¿Podrías siquiera mirarme cuando te hablo?

La chica se levantó y miró a su madre a la cara con fastidio.

—Hablé con John y él está de acuerdo, así que no quiero ningún escándalo de tu parte —advirtió Rebecca con sus palmas juntas a la altura de su pecho—. Voy a vender esta casa.

—¿Qué?

—Es una casa muy grande para las dos y ese dinero nos será más útil. Nos vamos a mudar con Eric. Él vive solo y en esta misma ciudad, por lo que no tendrías que cambiarte de escuela ni...

—¿Vas a vivir con un hombre que acabas de conocer?

—Él es mi pareja y es un buen hombre —corrigió con firmeza—. Sé que te agradará.

—¿Él sabe que le fuiste infiel a mi papá?

Rebecca no contestó.

—¿Sabe de tu alcoholismo? ¿Acaso sabe que me fui de casa y viví meses lejos de ti? ¿¡Le has contado algo sobre eso!?

Entre Canciones - #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora