Capítulo 22: Acro

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Las alturas se cernían sobre ellos como gigantes amenazadores. Los jóvenes se encontraban ahora en un lugar que desafiaba la lógica y la física, una estructura etérea suspendida en el vacío. No había suelo debajo de ellos, solo la vastedad infinita del abismo.

Elaine, Johan, Leslie, y Ángelo miraron hacia abajo con temor, sintiendo la inestabilidad del terreno invisible que pisaban. El vértigo les arremetía, y la acrofobia se apoderaba de sus mentes, intensificando la sensación de peligro inminente.

De repente, una serie de puentes colgantes se materializaron ante ellos, extendiéndose hacia el infinito. Cada paso sobre esos frágiles senderos era una prueba de su valentía y resistencia al miedo. El viento soplaba fuerte, sacudiendo los puentes y desafiando su equilibrio.

—No mires hacia abajo, solo sigue adelante —aconsejó Johan, aunque sus propias palabras apenas lograban calmar sus nervios.

Elaine avanzaba con cautela, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. La apariencia fantasmagórica de las alturas la envolvía, y la sensación de caída libre la atormentaba. La acrofobia se manifestaba con crueldad, convirtiendo el simple acto de caminar en una hazaña heroica.

Leslie, siempre arrogante y segura de sí misma, luchaba por ocultar su ansiedad. Ángelo, a pesar de sus bromas y risas habituales, mostraba una vulnerabilidad que rara vez dejaba entrever. Juntos, enfrentaban el desafío de las alturas, cada paso sumergiéndolos más en la oscura esencia de sus miedos.

De repente, una sombra se deslizó sobre ellos, eclipsando la tenue luz que iluminaba el abismo. Miraron hacia arriba y vieron a una figura oscura y alada que se cernía sobre los puentes colgantes. Era la personificación de la acrofobia, un ser grotesco con garras afiladas y ojos hundidos que los observaba con malévola satisfacción.

—No podrán escapar de mí —murmuró la criatura, su voz resonando en el aire.

La acrofobia cobró vida, agitando los puentes y haciendo que temblaran como si estuvieran a punto de desmoronarse. El grupo se aferró a las cuerdas y cadenas que sostenían los frágiles caminos mientras luchaban por mantener el equilibrio.

—No dejen que el miedo los paralice. ¡Sigamos adelante! —gritó Elaine, tratando de infundir coraje en el grupo.

Con cada paso, la criatura alada intensificaba sus ataques, creando ilusiones de caídas interminables y precipicios sin fin. La resistencia de los jóvenes se puso a prueba mientras enfrentaban la encrucijada entre la cordura y la rendición ante el miedo.

La batalla en las alturas estaba lejos de concluir. El grupo se aventuraba más profundo en la esencia misma de la acrofobia, desafiando sus propios límites y explorando los rincones más oscuros de sus almas atormentadas. El abismo de sus miedos se extendía ante ellos, y no había vuelta atrás.

***

En la inestable penumbra de las alturas, una risa resonó como un eco desgarrador. Amanda Wise se materializó ante ellos, su figura flotando en el aire con una malevolencia palpable. Su aspecto era distorsionado, con la muñeca siniestra sostenida en sus manos.

—¿No es fascinante? —susurró Amanda con una sonrisa enigmática—. Las alturas pueden ser tan liberadoras y, al mismo tiempo, tan aterradoras.

La presencia de Amanda intensificó la acrofobia de los jóvenes, susurros de dudas y miedos infundados se infiltraron en sus mentes. La risa de Amanda resonaba en cada paso, como una melodía discordante que aumentaba la tensión en el aire.

—¿Acaso temen caer en el abismo de sus propios miedos? —preguntó Amanda, su voz resonando en sus mentes como un eco distorsionado.

Las ilusiones de caídas y precipicios se multiplicaron, cada vez más realistas y desorientadoras. Los puentes parecían desmoronarse bajo sus pies, y el vacío amenazaba con devorarlos. La acrofobia y la presencia de Amanda se entrelazaban, tejiendo una red de terrores que envolvía a los jóvenes.

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