Nuevamente, me encontraba llegando tarde al hospital como pude haberme quedado dormida. El doctor me iba a matar, y todo por culpa de mi insomnio. Estaba claro que cuando estuviera en el hospital no tocaría el tema del sueño que tuve la noche anterior.
Al llegar, ya iban entrando algunos pacientes y otros eran doctores y enfermeros. Me adentré rápido sin llamar la atención. Justo cuando iba por la puerta, el doctor Smiley iba de salida. Me quedé estupefacta y mis manos comenzaron a temblar.
- Pero qué sorpresa creí que ya no vendría a trabajar más - dijo el doctor, mirándome de mala manera.
¿Estaría molesto?
- Lo lamento doctor, me he quedado dormida - respondí.
- Adelante, le dejé trabajo sobre la mesa - expresó mirándome serio.
No pude mirar a los ojos al doctor Smiley, se notaba, estaba molesto, claramente me lo había dicho que no tenía que llegar tarde. ¿Pero qué podía hacer?
Dejé mis cosas sobre mi silla y comencé a revisar los próximos turnos que tendríamos hoy en el día. El primer turno era sobre una pequeña niña que se tenía que extirpar un lunar de su nariz. El doctor ya la había revisado con anterioridad, así que solo quedaba la extirpación.
- Doctor, a las diez tendrá un turno con la niña de la semana pasada, no se preocupe, iré preparando todo para que pueda hacer la cirugía - dije. El doctor Smiley simplemente me ignoró.
No supe qué decir o qué hacer en ese momento, ya que él ni siquiera me miraba, parecía estar molesto y no lo culpó. Yo fui la tonta que se quedó dormida, como podía ser tan tonta como para hacer semejante cosa. El doctor Smiley se levantó de su asiento con su vaso de café en mano, salió del despacho sin decir una sola palabra.
«No lo puedo creer, a veces los doctores son tan arrogantes».
Seguí haciendo mis cosas y trámites de los próximos pacientes. Había una mujer en una de las habitaciones, así que la fui a revisar. Tenía que medir su presión arterial Tome el ascensor, en eso sale un chico rubio bastante alto y de comisura muy hermosa, me miro por unos instantes y sonrió - Adelante - dijo aquel hombre muy apuesto, sin perder tiempo entre al ascensor - ¿A qué piso vas? - volvió a decir, le dije que iba al tercer piso me preguntó que si era nueva la cual le respondí que hace unas semanas nomás había entrado a trabajar, pero que solía quedarme dormida y ya había tenido un buen regaño por parte del doctor Smiley.
-¿Con quién trabajas?-me preguntó. Parecía que quería entablar una conversación.
- Trabajo con el doctor Smiley, es mi jefe - respondí al chico. Hizo una mueca de sorpresa, parecía que no lo podía creer.
- Así que trabajas con el doctor Smiley, un doctor muy respetado aquí dentro nadie sabe a lo que se dedica realmente, siempre tan misterioso con sus cosas de anatomía - habló el chico mientras se apoyaba en el marco del ascensor.
- Supongo que sí - dije.
Llegamos al tercer piso, me despedí del chico, él me hizo un gesto con la mano en señal de saludo, no puede evitar sonreírle, era muy simpático y gracioso mientras estábamos en el ascensor, él me contaba cosas graciosas de su vida sin siquiera conocerme un poco, yo reía antes sus ocurrencias alocadas que él había tenido en sus pasadas vacaciones.
Entré a la habitación donde se encontraba la mujer recostada sobre la cama, cerré la puerta detrás de mí. La saludé y conecté los cables sobre su pecho. Ella me miró. En su rostro se podía ver preocupación, la noté rara, así que decidí preguntarle.
- ¿Sucede algo, señora Lucrecia? - dije mientras ella me observaba.
- No quiero ser boca suelta, querida, pero ayer alguien estaba rondando mi habitación, lo único que puede ver es que tenía ojos de un color rojo intenso, además de eso sonreía muy macabramente - expresó la mujer, sus manos temblaban.
