En un orfanato fue dejado un pequeño de 5 años , simplemete porque era una omega, su familia lo rechazo
madre superiora dejaron un pequeño
Dios y no tenemos espacio, pero tiene cinco años , no podemos dejarlo afuera
esta bien nos ar...
—¿Qué pasó? ¿Por qué te desapareciste así? Te busqué... fui al orfanato, pero ya no estabas. ¿Qué pasó, mi bello ángel? Ahora te encuentro con tu cabello rosado, siendo modelo, con una bebé en brazos y un alfa cuidándote... rayos, estás hermoso, sí, pero ese no es tu cabello. ¿Por qué cambiaste tanto? Dime, bebé.
—Kookie... es una larga historia.
—Tengo mucho tiempo para escucharla. Ven, bebé, al lado mío.
—No. Primero déjame curarte, te están sangrando las heridas.
Jungkook miraba a Jimin mientras este trabajaba concentrado. Sacaba un poco la lengüita, una manía que tenía desde pequeño cuando hacía algo con atención.
—Eres hermoso...
El pelinegro le acariciaba el cabello a Jimin.
—Listo.
—Entonces ven, mi omega.
Jungkook palmeó su cama.
Jimin, con su carita roja por la vergüenza, se quitó los zapatos para acostarse al lado de su alfa, Jungkook levantó las sábanas para que Jimin se acomodara junto a él.
—Kookie... a mí me adoptaron, pero fue un infierno. Todo lo que pasé fue un infierno.
Jimin comenzó a contarle esa parte de su vida, la pequeña parte que deseaba borrar para siempre. Le habló del motivo por el cual tenía a su hermana, de por qué Kang los cuidaba, de tantas noches de frío, de golpes, de humillaciones. Le contó por qué su cabello era rosado, por qué estaba trabajando como modelo.
Lo que Jimin no se daba cuenta era que, con cada palabra... con cada lágrima que caía de sus ojos... Jungkook luchaba por no transformarse en el lobo que todos temían.
Sus manos estaban empuñadas con fuerza. Su respiración se volvió rápida. El color de sus ojos cambió de una forma escalofriante.
Su aroma no era agrio... ni dulce, Su olor era pura furia.
Jimin se levantó un poco cuando notó que el pecho de Jungkook subía y bajaba con violencia.
—Oh... Kookie, ¿qué te pasa?
—¿Sabes dónde viven?
—No... ellos nunca me dejaron ver dónde vivían. Siempre me cubrían los ojos cuando me llevaban a su casa. Kookie, ven... no te pongas así.
Jungkook lo miró fijamente.
—Escúchame muy bien... no hay en la tierra quien pueda meterse contigo. Eres la razón por la cual vivo cada día. Haré pagar cada puto insulto... cada lágrima que derramaste... y ese hijo de puta que intentó abusar de ti... sí que me voy a divertir con él. Haré que pague... que me ruegue que lo mate.
Jimin lo miró con miedo.
—Kookie... ¿quién eres? ¿Por qué hablas así?
—Eres lo más preciado de mi vida. Desde el minuto en que te vi supe que eras mi omega... y que tenía que cuidarte.
Jungkook tomó el rostro de Jimin entre sus manos. A pesar del dolor en su vientre, se inclinó y lo besó, Jimin le correspondió.
Era un beso que ninguno de los dos quería terminar.
Poco a poco la ropa empezó a estorbar de jimin . Jungkook se recostó para que Jimin quedara sobre él, y el menor lo hizo con cuidado.
Pero había algo más que dolía.
La entrepierna de Jungkook.
Cuántos años había tenido que aliviarse solo pensando en Jimin... y ahora lo tenía encima.
—Ah... Jimin... mi bebe ...
Jimin sintió cómo algo lo empujaba y escuchó los gemidos de Jungkook. Se separó un poco.
—Kookie... yo... yo nunca he estado con alguien.
—Shhh... entonces déjame ser tuyo por primera vez , dejame ser tu hombre, dejame enseñarte
—Pero estás herido...
—Lo haré con cuidado.
Los besos volvieron, llenos de deseo y de necesidad. Jungkook atrapó la entrepierna de Jimin.
—Ahh... Ko-Kookie...
Jimin jadeó.
—Quiero que me hagas tuyo... te esperé tanto... siempre desee estar así... tómame, Kookie...
Jungkook colocó a Jimin debajo de él. El dolor de sus heridas pasó a segundo plano.
—Lo haré, precioso... serás mío.
Sus besos descendieron desde su boca hasta sus pezones.
—Ahhh... sí... ahhh...
jadeaba Jimin.
De pronto una voz irrumpió en la habitación.
—¡COCHINOS! ¡JEON, ESTÁS EN RECUPERACIÓN!
—¡MALDITA SEA, KIM! ¿QUÉ MIERDAS HACES AQUÍ?
Taehyung cruzó los brazos.
—Pues para tu información, la puerta estaba medio abierta. Además, venía a traerte tus pastillas y a decirle a Jimin que la princesa está llorando y no sabemos qué hacer... no estamos acos—
—¡CÁLLATE, KIM, POR DIOS!
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